Un hombre ideó una llamativa estrategia para incrementar las ventas de su cafetería: creaba perfiles atractivos en Tinder, hacía “match” con distintas mujeres y las citaba en su propio local.
Una vez que ellas llegaban al lugar, recibían un mensaje en el que el supuesto interesado avisaba que estaba demorado y les sugería que, mientras tanto, pidieran algo para comer o tomar. Confiadas en que su cita aparecería en cualquier momento, las mujeres consumían y aguardaban.
Sin embargo, el encuentro nunca se concretaba. El hombre jamás llegaba porque, en realidad, ya estaba allí: era el dueño del comercio y el autor de los perfiles falsos.
La situación se viralizó en redes sociales, donde numerosos usuarios calificaron la maniobra como una forma de estafa y cuestionaron la ética del comerciante por aprovecharse de la expectativa y la buena fe de las víctimas para aumentar la recaudación del local.