Diversos estudios internacionales advierten que criar a una hija puede implicar un gasto mayor que criar a un hijo, con diferencias que van desde un 10% hasta casi el doble, según el contexto social y cultural.
Uno de los factores principales es el denominado pink tax, que encarece productos destinados al público femenino —como ropa, juguetes o artículos de higiene— a pesar de cumplir funciones similares a los de varones.
De acuerdo con un análisis citado por MarketWatch, este sobrecosto puede alcanzar los 2.160 dólares anuales, lo que genera una diferencia significativa a lo largo de la infancia y la adolescencia.
A esto se suma que, en muchos casos, las niñas participan con mayor frecuencia en actividades artísticas como danza o música, que suelen implicar gastos adicionales en vestuario, clases y presentaciones.
En América Latina, además, celebraciones como los quince años representan otro desembolso importante para las familias, sin un equivalente directo en los varones.
Especialistas señalan que estas diferencias no responden necesariamente a necesidades reales, sino a expectativas culturales y estrategias de mercado que fomentan un mayor consumo en productos orientados a niñas.
Si bien no se trata de una regla universal, la tendencia global muestra que muchas familias terminan destinando más recursos a la crianza de hijas, lo que reabre el debate sobre los hábitos de consumo y la equidad de género.