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Cuatro etapas de la IA: cómo medir el retorno de la inversión en empresas argentinas

La adopción de inteligencia artificial en Argentina atraviesa un momento de expansión. Más allá de los beneficios económicos, la IA impulsa cambios culturales y estratégicos en las organizaciones.

En Argentina, la inversión en inteligencia artificial (IA) continúa en expansión, con un número creciente de empresas de todos los tamaños incorporando soluciones inteligentes en áreas productivas, logísticas y comerciales. Si bien todavía existen desafíos, como la falta de conocimiento, la necesidad de capacitar equipos y la dificultad de medir resultados, la tendencia es clara: la IA se está consolidando como una herramienta estratégica y competitiva.

Hoy, las empresas ya no perciben la IA como una promesa futura, sino como un recurso concreto capaz de mejorar la productividad, optimizar procesos, reducir costos y abrir nuevas oportunidades de negocio. Sin embargo, cada vez más líderes comprenden que el retorno de la inversión (ROI) no se limita a lo económico: la IA también provoca transformaciones culturales y redefine la manera de innovar, tomar decisiones basadas en datos y combinar talento humano con tecnología.

 

Las cuatro etapas de la IA

Durante el IA Day, se presentaron las llamadas cuatro olas de la inteligencia artificial, que representan las fases evolutivas del valor que la IA puede aportar a una organización. Cada ola permite evaluar distintos tipos de retorno —operativo, financiero o cultural— y ayuda a determinar en qué punto de adopción se encuentra cada empresa.

Ola cero: aprendizaje y experimentación. Esta etapa inicial se centra en la familiarización con la tecnología. El retorno se mide en términos culturales: el conocimiento adquirido, la confianza generada en la organización y la creación de capacidades internas. Se trata de un momento de exploración, donde se prueban herramientas, se forman equipos y se establecen primeros lineamientos éticos y operativos.

Primera ola: productividad y eficiencia. Aquí la IA comienza a incorporarse en procesos ya existentes, reduciendo tiempos, costos y errores. Los beneficios son tangibles, especialmente en tareas repetitivas o en el análisis de grandes volúmenes de datos. En esta fase, el ROI se vuelve más visible, aunque enfocado en mejoras incrementales.

Segunda ola: expansión estratégica. La IA deja de ser un soporte para convertirse en un motor de crecimiento, impulsando la creación de nuevos productos, servicios y líneas de negocio. La inversión empieza a generar retornos estratégicos con impacto en innovación, experiencia del cliente y acceso a nuevos mercados.

Tercera ola: innovación disruptiva. En esta fase, la IA transforma los modelos de negocio y redefine la manera de competir. Las empresas más avanzadas no solo optimizan o expanden sus operaciones, sino que reinventan por completo su propuesta de valor. El retorno se vuelve exponencial, pero requiere una mayor madurez tecnológica y cultural.

 

Medir el ROI según la madurez

Conocer la etapa en la que se encuentra la empresa es clave para establecer expectativas y definir estrategias. La IA no genera resultados inmediatos; requiere aprendizaje, liderazgo y una visión que vaya más allá de los indicadores financieros.

En las fases iniciales, el retorno se vincula principalmente con la eficiencia operativa, la reducción de tiempos y la disminución de errores. A medida que la IA se extiende a más áreas, el ROI incluirá indicadores de crecimiento (como nuevos productos o servicios habilitados por IA) y de innovación, con transformaciones en modelos de negocio.

El verdadero desafío no es solo adoptar inteligencia artificial, sino hacerlo con propósito. Las empresas que logren alinear la inversión tecnológica con su estrategia de negocio y la cultura organizacional serán las que obtengan un retorno más sólido, sostenible y transformador.

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