Lo que parecía ser una típica intervención por música alta terminó convirtiéndose en una escena inesperada y hasta simpática para los efectivos policiales.
Vecinos de un barrio residencial realizaron un llamado alertando por ruidos molestos durante la noche. Ante la presunción de una fiesta numerosa, personal policial se dirigió al domicilio para solicitar que cesara la actividad o se redujera el volumen.
Sin embargo, al llegar descubrieron que no se trataba de un cumpleaños tradicional. El anfitrión había organizado una celebración especial para conmemorar los cinco años de vida de su gallina, un animal que, según comentó, fue rescatado tiempo atrás.
El encuentro reunió a unas sesenta personas, incluyó servicio de comida y música en vivo, y estuvo ambientado como cualquier festejo formal, aunque con la particular homenajeada como centro de atención.
De acuerdo con lo informado, la reunión se desarrollaba de manera pacífica y sin incidentes. Por ese motivo, los uniformados optaron por permitir que la celebración continuara, solicitando únicamente que bajaran el volumen para evitar nuevas quejas vecinales.
El episodio generó sorpresa entre los residentes de la zona y se convirtió rápidamente en tema de conversación por lo inusual del motivo del festejo.