Cada 28 de enero se celebra el Día Internacional de LEGO, una jornada dedicada a uno de los juguetes más emblemáticos y perdurables del mundo. Aunque la empresa nació en 1932, la conmemoración no responde a su fundación, sino a un acontecimiento técnico que marcó un antes y un después en la industria del juego.
Ese día, en 1958, Godtfred Kirk Christiansen —hijo del creador de la marca— registró la patente del diseño del ladrillo plástico con su característico sistema de tubos internos. Ese mecanismo permitió un encastre firme y preciso, sentando las bases del sistema de construcción que todavía hoy se mantiene vigente.
El nombre LEGO proviene de la expresión danesa “leg godt”, que significa “jugar bien”, una idea que con el tiempo se transformó en sinónimo de creatividad, imaginación y aprendizaje. Lo que comenzó como un pequeño emprendimiento familiar en Billund, Dinamarca, donde se fabricaban juguetes de madera en el taller de un carpintero, evolucionó hasta convertirse en un fenómeno global.
Uno de los datos más llamativos es la continuidad del diseño: las piezas producidas hace más de seis décadas siguen siendo totalmente compatibles con las actuales. Esa coherencia convirtió a LEGO en un sistema universal, capaz de atravesar generaciones sin perder vigencia.
Hoy, el Día Internacional de LEGO no solo celebra a un juguete, sino también a una idea que demostró que jugar puede ser una forma poderosa de aprender, crear y conectar a chicos y grandes en todo el mundo.