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El origen del vino argentino: el secreto que guarda Santiago del Estero

La historia oficial mira a la cordillera, pero el origen del vino argentino se esconde en el monte santiagueño. Descubrí el hito histórico de 1557 y cómo renace hoy con una exitosa vendimia local.

Argentina es sinónimo de vino. Los números actuales hablan por sí solos: somos el séptimo productor mundial y el noveno consumidor a nivel global, descorchando un promedio de 16 litros anuales por persona. La industria mueve millones de hectolitros, exporta a los mercados más exigentes y coronó al Malbec como nuestro embajador indiscutido. Cuando un argentino levanta la copa, su mente viaja casi por inercia hacia la inmensidad de la Cordillera de los Andes. Pensamos en Mendoza, en los valles de San Juan, en la altura de Salta. Sin embargo, la historia de nuestra "Bebida Nacional" esconde un secreto fundacional espectacular: el primer brindis no miraba a la nieve, sino al calor implacable del monte santiagueño.

Para entender esta historia hay que viajar a la segunda mitad del siglo XVI. Eran tiempos de la conquista española, de fundaciones a sangre, sudor y espada. Pero una ciudad no era verdaderamente española ni cristiana si no tenía una iglesia, y un sacerdote no podía dar misa sin los elementos centrales de la Eucaristía: el pan y el vino. En aquella época, el vino no era una bebida de disfrute social o un lujo de fin de semana; era una necesidad espiritual, estratégica y logística absoluta.

Traer vino en barricas desde España o desde el Virreinato del Perú era una odisea que duraba meses. El viaje a lomo de mula bajo el sol calcinante hacía que, la mayoría de las veces, el vino llegara convertido en un vinagre intomable. Sin vino sacramental no había misa, y sin misa, la legitimidad de la conquista tambaleaba.

Es en este contexto de urgencia extrema donde la "Madre de Ciudades" se convierte en pionera. Corría el año 1557 cuando el clérigo Juan Cedrón (o Cidrón) emprendió un viaje monumental. Regresó a Santiago del Estero desde La Serena, Chile, cruzando la cordillera y atravesando territorios hostiles. En sus alforjas no traía oro, sino estacas de uva moscatel y "uva país". Al llegar, las plantó en suelo santiagueño con la esperanza de un milagro agronómico. Y la tierra respondió. Fray Cedrón logró producir el primer vino sacramental en lo que hoy es el territorio argentino.

La historiografía moderna y el consenso de los investigadores no dejan lugar a dudas. Los primeros viñedos de Argentina florecieron en Santiago del Estero hacia 1557. Para ponerlo en perspectiva cronológica: el Capitán Pedro del Castillo recién fundó Mendoza en 1561 llevando viñas desde España, y Juan Jufré hizo lo propio en San Juan un año después, en 1562. Mientras Cuyo recién daba sus primeros pasos fundacionales, los jesuitas en Santiago ya contaban con plantaciones de vid considerables que luego se extenderían hacia Córdoba (donde recién en 1618 lograrían su famoso vino "Lagrimilla de oro") y el Litoral.

Durante siglos, el clima árido y el desarrollo arrollador de las regiones cuyanas terminaron por apagar aquellas primeras cepas santiagueñas, relegando a la provincia en los libros de historia vitivinícola. Pero el relato tiene un giro final de pura actualidad.

Hoy, la terquedad de los productores locales está haciendo renacer aquella tradición pionera. ¿Quién dijo que con nuestras temperaturas extremas no se puede hacer vino de alta calidad? En la zona de Beltrán, departamento Robles, bodegas como Finca María del Pilar están demostrando lo contrario.

De hecho, la historia volvió a latir este mismo viernes. El Camino a Higuera Chacra abrió sus puertas para una vendimia inmersiva donde los visitantes se transformaron en vendimiadores por un día. Quienes participaron no solo realizaron el corte manual de la vid y recorrieron la bodega, sino que coronaron la jornada con una cena entre viñedos. Al probar las etiquetas con sello bien santiagueño en el mismo lugar donde recolectaron los racimos, no solo degustaron un producto de excelencia: bebieron la historia de nuestra propia tierra.

De aquella rústica "uva país" que trajo Cedrón para salvar la misa, hoy Santiago del Estero pasó a cosechar vigorosas cepas de Malbec, Cabernet Sauvignon, Syrah y Torrontés. El inmenso mar de vino que hoy produce Argentina y que se exporta al mundo nació de una necesidad espiritual en la espesura de nuestro monte. Una excusa perfecta para que, tras la exitosa cosecha de este 2026, los santiagueños levantemos la copa con el orgullo de saber que todo empezó en casa."

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