“El 25 de Mayo nació un caballo, levantó la cola y salió un zapallo”.
La frase puede parecer un simple disparate infantil, pero para muchos argentinos representa algo más: un recuerdo automático de la escuela primaria, de los actos patrios, de las escarapelas pegadas con alfiler y del locro compartido en familia.
No aparece en los libros de historia ni tiene relación directa con la Revolución de Mayo de 1810, pero logró instalarse como una especie de “folclore oral” entre chicos y grandes. Una rima sin sentido histórico, aunque cargada de identidad popular.
Un clásico de los recreos y las aulas
Durante años, especialmente entre las décadas del 70, 80 y 90, esta frase se repetía en escuelas de distintos puntos del país. Algunos la escuchaban en voz baja entre compañeros, otros directamente en medio de los actos patrios, casi como una humorada inevitable cada vez que llegaba el 25 de Mayo.
La estructura sencilla y pegadiza ayudó a que sobreviviera con el paso del tiempo. Rimaba, era graciosa para los chicos y rompía con la solemnidad típica de las fechas patrias.
Incluso existen varias versiones. Algunas cambian el “zapallo” por otras palabras o agregan nuevas estrofas improvisadas, dependiendo de la región o de quién la contara.
El humor popular también construye memoria
Aunque parezca una tontería, este tipo de frases forman parte de la cultura popular argentina. Son expresiones que nacen en lo cotidiano y se transmiten oralmente, sin autores conocidos ni registros oficiales.
Especialistas en cultura popular sostienen que muchas de estas rimas escolares funcionan como pequeñas formas de apropiación de las fechas patrias por parte de los chicos. Una mezcla entre humor, repetición y tradición.
Porque mientras los manuales hablaban de Saavedra, Moreno y el Cabildo Abierto, en los patios aparecía inevitablemente el famoso caballo del 25 de Mayo.
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Una frase que todavía despierta nostalgia
Con la llegada de las redes sociales, cada aniversario patrio vuelve a reflotar la misma escena: cientos de usuarios recuerdan la frase, la comparten en memes o preguntan si alguien más la escuchó en su infancia.
Y la respuesta suele ser siempre la misma: sí.
Tal vez nunca se sepa quién inventó aquella rima absurda, pero logró algo difícil: sobrevivir durante generaciones y convertirse, de manera inesperada, en una pequeña tradición argentina no escrita.
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