El Festival de Cosquín siempre regala historias de sacrificio, pero lo que vivió la delegación de Añatuya en la Plaza Próspero Molina conmovió a todos. Nicolás Luna, un joven bailarín santiagueño, protagonizó una escena que resume la pasión por la danza: tras dejar el alma en el escenario, tuvo que ser retirado en andas por sus compañeros porque no podía caminar.
El joven sufrió una lesión en los tendones durante los ensayos previos, días antes de la presentación. Sin embargo, bajarse no era una opción. Para Nicolás, pisar el escenario Atahualpa Yupanqui es "palabra mayor".
Infiltrarse para cumplir el sueño
En su segunda participación en el festival, Luna tomó una decisión arriesgada impulsada por el corazón: se infiltró para suprimir el dolor y poder bailar. "Lo hice por las ganas de bailar", confesó ante los micrófonos de Cadena 3 cuando le preguntaron por qué arriesgó su físico de esa manera.
"Es el esfuerzo de un año"
Mientras sus compañeros lo cargaban para bajar las escaleras, uno de ellos explicó el trasfondo de ese momento: "Es el esfuerzo y la preparación de todo un año. Es mucho sacrificio poder estar aquí, con todo lo que hemos pasado, calores, horas de ensayo, días y días".
El grupo, que viajó desde la "Capital de la Tradición" para representar a la provincia, vivió la noche como una consagración. "Todo fue para el objetivo de poder estar aquí. Cumplimos un sueño", cerraron emocionados, con Nicolás en brazos pero con la satisfacción del deber cumplido.