Un club nocturno diseñado exclusivamente para mujeres generó un fuerte impacto al inaugurar con una convocatoria masiva y cerrar sus puertas apenas 24 horas después. La propuesta buscaba ofrecer un entorno distinto, sin incomodidades ni miradas ajenas, con música, diversión y un clima pensado para la tranquilidad de sus asistentes.
La noche debut mostró un local colmado y un ambiente distendido, con clientas que celebraron la idea y destacaron la experiencia. Sin embargo, detrás del entusiasmo inicial apareció un problema clave para la continuidad del proyecto: el bajo nivel de ventas en la barra.
En el rubro nocturno, la recaudación no depende solo del acceso al lugar, sino principalmente del expendio de bebidas. En este caso, el consumo resultó insuficiente para cubrir los costos operativos, lo que volvió inviable el funcionamiento del local.
En discotecas convencionales, una parte significativa de ese ingreso suele estar vinculada a la presencia masculina, dinámica que no se replicó en este formato exclusivo. Pese a la valoración positiva de quienes asistieron, el emprendimiento no logró sostenerse y terminó convirtiéndose en una experiencia tan comentada como efímera.