Diversos estudios internacionales indican que el llamado “gasto prosocial”, es decir, utilizar parte del dinero para beneficiar a otras personas, no solo fortalece los vínculos afectivos, sino que también tiene un impacto directo en la salud emocional y física.
Según las investigaciones, quienes practican este tipo de gasto reportan mayores niveles de felicidad, una disminución significativa del estrés y una mejor percepción del bienestar general. Además, los especialistas observaron efectos positivos en la salud cardiovascular, como menores niveles de presión arterial.
Los resultados incluso comparan estos beneficios con los que se obtienen al realizar actividad física regular o mantener una alimentación saludable. En algunos casos, el gasto prosocial se asoció con un menor riesgo de muerte prematura, lo que refuerza la idea de que la generosidad también actúa como un factor protector para la salud.
Los expertos destacan que no se trata de grandes sumas de dinero, sino de pequeños gestos, como hacer un regalo inesperado, invitar una comida o colaborar con alguien cercano, que pueden generar un impacto positivo tanto en quien recibe como en quien da.