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Ganó una fortuna en la Quiniela y atribuyó el acierto a un ritual personal de tres pasos

Tras años de repetir la misma rutina antes de apostar, una mujer aseguró que la constancia fue clave para quedarse con un premio millonario que cambió su vida.

Una mujer se convirtió en noticia luego de ganar una importante suma de dinero en la Quiniela y sorprender al contar que su acierto no fue producto del azar puro, sino de un ritual que repitió durante años antes de cada jugada. Según relató, se trata de una práctica sencilla pero inalterable, que esta vez terminó dándole el resultado esperado.

Los juegos de azar suelen estar rodeados de supersticiones y creencias populares, desde números vinculados a fechas especiales hasta sueños o intuiciones repentinas. Sin embargo, la historia de esta ganadora llamó la atención por la constancia con la que sostuvo su método, aun cuando durante mucho tiempo no obtuvo resultados.

La protagonista, que prefirió mantener su identidad en reserva, logró un premio superior a los 430.000 euros tras acertar en un sorteo oficial. Al confirmar el resultado, aseguró haber quedado en estado de shock durante varios minutos antes de dimensionar el impacto que el dinero tendrá en su vida.

Según explicó, cada vez que decidía apostar cumplía con un ritual de tres pasos sin excepciones. Primero encendía una vela de color verde, luego comía un pequeño trozo de chocolate amargo y, por último, pronunciaba en voz alta una afirmación positiva relacionada con la suerte. Recién después de completar esa secuencia compraba su ticket.

Aunque reconoció que el ritual no siempre le trajo buenas noticias, nunca dejó de realizarlo. Con el paso del tiempo, sostuvo, la perseverancia terminó siendo fundamental y el premio llegó cuando menos lo esperaba.

Con la fortuna obtenida, la mujer planea saldar deudas pendientes, mejorar su calidad de vida y ayudar económicamente a familiares cercanos. También adelantó que destinará parte del dinero a colaborar con personas que atraviesan momentos difíciles.

La historia volvió a poner en debate el papel de las creencias personales en los juegos de azar y dejó una reflexión que la propia ganadora remarcó: nunca dejó de confiar en su ritual, convencida de que, tarde o temprano, la suerte iba a tocarle la puerta.

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