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Inglaterra y los penales, una maldición que la persiguió durante décadas

Inglaterra convirtió las tandas de penales en su mayor trauma futbolístico. Un profundo trabajo psicológico y una nueva preparación mental le permitieron dejar atrás una de las peores rachas de su historia.

Si existe un fantasma que durante décadas atormentó a la selección inglesa, ese fue el de los penales.

Para un país que se considera la cuna del fútbol moderno, las tandas desde los doce pasos se convirtieron en un auténtico trauma colectivo. Cada definición revivía los fantasmas del pasado y alimentaba la sensación de que Inglaterra estaba condenada a perder cuando un partido llegaba al punto de penal.

No era una simple percepción. Los números acompañaban esa idea. Durante casi treinta años, Inglaterra acumuló una serie de eliminaciones que terminaron instalando una verdadera psicosis alrededor de las definiciones.

 

El origen de la maldición

Todo comenzó en el Mundial de Italia 1990.

Luego de igualar con Alemania Federal en semifinales, Inglaterra cayó por penales y quedó a las puertas de disputar la final.

Seis años después, la historia volvió a repetirse en la Eurocopa de 1996. En Wembley y con el apoyo de todo el país, los ingleses fueron eliminados nuevamente por Alemania desde los doce pasos, luego del recordado fallo de Gareth Southgate.

Lejos de terminar allí, la lista siguió creciendo.

En el Mundial de Francia 1998, Inglaterra perdió por penales ante Argentina en los octavos de final.

En la Eurocopa 2004 fue eliminada por Portugal.

Dos años más tarde, en el Mundial de Alemania 2006, volvió a caer ante los portugueses desde el punto penal.

En la Eurocopa 2012, Italia repitió la historia.

Cada generación parecía cargar con el peso de la anterior.

Definición ante Alemania Federal en 1990.
Definición ante Alemania Federal en 1990.

Cuando el problema dejó de ser futbolístico

Con el paso del tiempo, psicólogos deportivos y especialistas comenzaron a advertir que el problema ya no era técnico.

Los futbolistas ingleses sabían ejecutar penales.

Lo que fallaba era el aspecto mental.

La presión mediática, el recuerdo permanente de las derrotas anteriores y la sensación de que "Inglaterra siempre pierde los penales" terminaban condicionando a los jugadores incluso antes de comenzar la tanda.

Cada nuevo ejecutante cargaba con décadas de frustraciones que ni siquiera había vivido como protagonista.

La camiseta parecía pesar más que nunca.

Penales vs. Portugal en el Mundial 2006.
Penales vs. Portugal en el Mundial 2006.

 

La revolución de Gareth Southgate

El cambio comenzó en 2016 con la llegada de Gareth Southgate como entrenador.

Paradójicamente, el propio Southgate había sido uno de los grandes protagonistas del trauma inglés tras fallar el penal decisivo frente a Alemania en la Eurocopa de 1996.

Lejos de esconder ese episodio, decidió utilizarlo como punto de partida para cambiar la cultura de la selección.

Junto a un equipo de psicólogos deportivos y especialistas en rendimiento, la Federación Inglesa desarrolló un programa específico para preparar a los futbolistas de cara a las tandas de penales.

El objetivo era simple: dejar de considerar los penales como una lotería.

Una preparación científica

Los entrenamientos comenzaron a incluir simulaciones casi idénticas a las de un partido oficial.

Se recreaban los tiempos de espera, el cansancio físico, el ruido del estadio y la presión psicológica.

Los jugadores practicaban caminando desde la mitad de la cancha, exactamente igual que en una definición real.

También se analizaron estadísticas sobre los arqueros rivales, las tendencias de los ejecutantes y los porcentajes de efectividad según la ubicación del remate.

Cada penal dejó de depender exclusivamente de la inspiración.

Todo pasó a estar planificado.

 

El trabajo psicológico

La parte más importante fue invisible.

Los futbolistas recibieron entrenamiento para controlar la ansiedad, manejar la respiración y afrontar situaciones de máxima presión.

También aprendieron técnicas de visualización, concentración y control emocional.

La idea era reemplazar el pensamiento negativo por rutinas automáticas que permitieran ejecutar el remate sin dejarse invadir por el contexto.

Southgate incluso alentó a los jugadores a hablar abiertamente sobre el miedo a los penales, rompiendo un tabú histórico dentro del fútbol inglés.

 

Rusia 2018: el primer gran cambio

La transformación tuvo su primera gran prueba en el Mundial de Rusia.

En los octavos de final, Inglaterra enfrentó a Colombia.

Tras el empate, la clasificación volvió a definirse por penales.

Era el escenario perfecto para repetir la historia.

Pero ocurrió exactamente lo contrario.

Jordan Pickford atajó el disparo de Carlos Bacca y Eric Dier convirtió el penal decisivo.

Por primera vez en un Mundial, Inglaterra ganaba una tanda de penales.

El festejo fue mucho más que una clasificación.

Era el final de un complejo histórico.

El aprendizaje continuó

Lejos de conformarse, el cuerpo técnico mantuvo el trabajo psicológico en los años siguientes.

Durante la Eurocopa 2021, Inglaterra volvió a llegar a una definición desde los doce pasos y eliminó a Suiza en los cuartos de final.

Aunque la derrota en la final frente a Italia por penales reabrió parcialmente las críticas, el análisis interno fue diferente: el problema ya no era estructural, sino una circunstancia puntual dentro de un proceso que había mejorado notablemente.

 

Un cambio cultural

Hoy, Inglaterra ya no enfrenta las tandas de penales con el mismo temor que durante los años noventa y dos mil.

La preparación psicológica forma parte del trabajo cotidiano de la selección y es considerada tan importante como la preparación física o táctica.

El equipo entendió que la mayor batalla no estaba frente al arquero rival, sino dentro de la cabeza de cada futbolista.

 

La lección que dejó el fútbol inglés

La historia de Inglaterra demuestra que muchas veces las derrotas repetidas generan bloqueos mentales más difíciles de superar que cualquier limitación técnica.

Durante décadas, los penales fueron una condena inevitable para los ingleses.

Hoy siguen siendo un momento de máxima tensión, pero ya no representan una sentencia anticipada.

El trabajo psicológico, la planificación y la decisión de enfrentar el problema en lugar de ignorarlo permitieron transformar uno de los mayores traumas de la historia del fútbol inglés en una herramienta de crecimiento. Más que cambiar la manera de patear un penal, Inglaterra logró cambiar la forma de pensar antes de ejecutarlo.

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