Antes de levantar trofeos, romper récords y convertirse en uno de los mejores jugadores de la historia, Lionel Messi fue un niño que corría detrás de una pelota en las calles de un barrio humilde de Rosario.
En La Bajada, ubicado al sur de la ciudad santafesina, todavía permanecen los lugares que marcaron la infancia del capitán de la Selección argentina: su casa familiar, el club donde empezó a formarse, la escuela que lo acompañó en sus primeros años y los espacios donde nació su sueño de llegar al fútbol profesional.
El acceso al barrio refleja parte de la historia del propio Messi. La zona conserva calles tranquilas, canchas pequeñas y espacios donde todavía se respira esa relación inseparable entre Rosario y el fútbol.
El potrero donde comenzó todo
A pocos metros de la casa aparece uno de los lugares más vinculados a la infancia del crack argentino: una pequeña cancha que fue escenario de sus primeros partidos y donde comenzó a demostrar una habilidad diferente con la pelota.
Antes de llegar a las grandes competencias internacionales, los primeros goles y gambetas nacieron en esos espacios barriales donde la imaginación era el principal recurso. El reconocimiento hacia Messi también quedó plasmado en las paredes de Rosario. En la esquina de Azara y Buenos Aires se encuentra uno de los murales que homenajean al futbolista y que se transformaron en una parada obligada para quienes recorren la ciudad.
La imagen del campeón del mundo convive con la identidad del barrio que lo vio crecer y que todavía conserva las huellas de sus primeros años.
De La Bajada al mundo
La historia de Messi comenzó lejos de los grandes estadios y de las luces internacionales. Su infancia estuvo marcada por el esfuerzo familiar, la pasión por el fútbol y el acompañamiento de quienes lo impulsaron desde sus primeros pasos.
Años después, aquel niño que jugaba en las calles de Rosario se convirtió en el máximo goleador de la historia de los mundiales y en el líder de una selección argentina campeona del mundo.
Pero detrás de cada título y cada reconocimiento permanece un lugar que nunca perdió su importancia: el barrio La Bajada, donde comenzó el sueño que terminó convirtiéndose en leyenda.