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La crecida del Río: sus porqués, la historia y el panorama de hoy

Un análisis a fondo sobre el funcionamiento del Dique Frontal, el impacto de las lluvias en el norte y los datos claves para entender la alerta naranja vigente en la provincia. Nuevo Diario te cuenta todo.

Para el santiagueño de a pie resulta confuso: mira al cielo y ve un sol radiante de 40 grados, pero va al río y lo encuentra embravecido, turbio y peligroso. ¿Cómo se explica? La respuesta está en la geografía. Santiago del Estero es el "desagüe" natural del NOA. El sistema Salí-Dulce es una cuenca endorreica (no sale al mar) que recoge el agua de las cumbres calchaquíes y el Aconquija en Tucumán. En nuestra región rige un régimen de lluvias "monzónico". Esto significa que el 80% de las precipitaciones anuales caen en verano, específicamente entre diciembre y marzo. El aire caliente y húmedo que baja de la Amazonia choca contra las montañas de Tucumán y descarga con violencia. Esa agua tarda entre 24 y 48 horas en bajar por los ríos tributarios hasta llegar al Embalse de Río Hondo. Por eso, el río crece hoy por la lluvia de anteayer.

 

El Dique Frontal: El gigante que cambió la historia (1967)

Es imposible entender la crecida de hoy sin mirar atrás. Antes de 1960, las crecidas del Dulce eran una sentencia de muerte o destrucción para Santiago y La Banda. El río era impredecible. La construcción del Dique Frontal comenzó en 1958 y se inauguró oficialmente en 1967. Fue una obra faraónica para la época, pensada para "domar" al río. Más allá del turismo y la pesca, su función técnica es la "atenuación de crecidas". El lago artificial tiene 33.000 hectáreas y funciona como una "bañera" con tapón regulable. Si entran 1500 metros cúbicos por segundo (m³/s) desde Tucumán, el dique retiene una parte y suelta (eroga) solo lo que el cauce aguas abajo puede soportar.

 

¿Cómo se decide abrir las compuertas?

No es una decisión caprichosa. Existe un protocolo técnico estricto manejado por la Entidad Binacional (Santiago-Tucumán) y Recursos Hídricos. Se basan en tres variables:

  • Cota del Embalse: El nivel del agua. La "cota de vertedero" (donde empieza a rebalsar) es crítica. Hoy estamos rozando los 272,40 metros.
El Dato Clave: El límite operativo máximo (la línea roja absoluta) es de 275 metros sobre el nivel del mar. Es decir, tenemos un margen de maniobra de menos de 3 metros. Al acercarse a ese punto, es obligatorio soltar agua para que la presión no dañe la estructura de la presa.

  • Pronóstico extendido: Si los radares meteorológicos indican que seguirá lloviendo en Tucumán, tienen que "vaciar" un poco el lago (hacer espacio) para recibir el agua nueva.
  • Capacidad del Río Dulce: Se calcula cuánto pueden aguantar los bordos en Capital y los departamentos ribereños antes de inundar poblaciones.

El color del agua: ¿Por qué "Dulce"?

Una curiosidad que suele atrapar al lector es el color. En invierno, el río es más verde/azul. En verano, es "dulce de leche". Esto no es solo suciedad; es sedimento. La fuerza del agua en la cuenca alta arrastra arcilla y limo de las montañas tucumanas. Ese sedimento es vital: históricamente, es lo que fertilizó los bañados de Añatuya permitiendo la agricultura ancestral. Pero en la crecida, ese barro hace el agua más pesada y la corriente más difícil de nadar. Un metro cúbico de agua clara pesa 1000 kg; uno de agua con sedimentos pesa más y golpea más fuerte.

 

El peligro invisible: Los pozos y la "cama" del río

Los Guardavidas insisten en la prohibición no solo por la velocidad (correntada), sino porque la crecida cambia la topografía del fondo. El Río Dulce tiene un lecho de arena móvil. Una crecida fuerte como la de esta semana (superando los 850 m³/s) mueve bancos de arena enteros. Donde ayer hacías pie, hoy puede haber un pozo de dos metros. La estadística histórica es clara: la mayoría de los ahogamientos en crecidas no son por natación, sino por personas que caminaban con el agua a la cintura, cayeron en un pozo repentino y la corriente los succionó.

 

Comparativa histórica: ¿Estamos tan mal?

Para dar perspectiva real a lo que pasa hoy:

  • Hoy (Enero 2026): Estamos derivando aprox. 850 m³/s. Es alerta naranja, peligroso para bañistas y amenaza zonas bajas ribereñas.
  • La gran inundación (pre-dique): Se estiman caudales históricos superiores a los 2500 m³/s que llegaban a la Plaza Libertad en siglos pasados.
  • Crecidas modernas: En años recientes (2015, 2017), hemos tenido derivaciones de hasta 1300 m³/s, que obligaron a evacuar gente en el interior (Atamisqui, Los Telares). Esto pone en valor la situación actual: es una crecida importante, pero está siendo "laminada" por el Dique. Sin la presa, hoy tendríamos el agua en las calles de la Costanera.

El recorrido del gigante

El río nace como "Salí" en Talavera (Salta), recorre Tucumán, se hace "Dulce" en el límite y muere en la Laguna de Mar Chiquita (Córdoba).

Recorre casi 812 km, siendo el río más importante del centro-norte argentino.

Además del Dulce, parte del agua se deriva al sistema del Río Salado a través del Dique Figueroa para aliviar la presión.

 

Respeto, no miedo

Ver el Río Dulce con este caudal imponente no debe ser motivo de pánico, sino de respeto. La situación actual, aunque genera una Alerta Naranja, demuestra que el sistema de defensa está funcionando: el Embalse está conteniendo el golpe para que el agua no invada las calles. Estamos ante un fenómeno natural cíclico y esperable en enero. Las autoridades y los técnicos están haciendo su parte monitoreando minuto a minuto las compuertas. A nosotros, como ciudadanos, nos toca la parte más sencilla pero vital: no desafiar a la naturaleza. El río no es traicionero; simplemente está recuperando su cauce. Hoy, la mejor forma de disfrutarlo es desde la orilla, con unos mates, entendiendo que esas banderas rojas están ahí para cuidarnos hasta que el agua baje y las playas vuelvan a aparecer.

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