La historia de Guojiang, una niña china de dos años, ha generado asombro y millones de visualizaciones en redes sociales del país. Aunque nació en mayo de 2022 con la apariencia típica de un bebé chino, todo cambió meses después. Alrededor de los ocho meses, sus ojos comenzaron a tornarse azules y, para cuando cumplió un año, su cabello se había vuelto rubio y rizado, acompañado de facciones más asociadas a personas de ascendencia europea.
El cambio fue tan inesperado que sus propios padres, ambos de rasgos asiáticos, llegaron a sospechar que el hospital podría haber cometido un error y les hubiera entregado al bebé equivocado. La duda se disipó solo después de realizar pruebas de ADN, las cuales confirmaron que Guojiang era efectivamente su hija biológica.
Investigando más a fondo la genealogía familiar, descubrieron un dato clave: el bisabuelo paterno de la niña era ruso y se había establecido en China tras casarse con una mujer local. De acuerdo con especialistas citados en reportes locales, los rasgos caucásicos pueden permanecer ocultos durante generaciones en forma de genes recesivos, manifestándose de manera inesperada en algún descendiente.
El caso de Guojiang ha generado más de 120 millones de reproducciones y ha abierto debates sobre herencia genética, identidad, diversidad y prejuicios basados en la apariencia física. Entre el asombro y la curiosidad, la historia continúa captando la atención del público chino.