Durante años, quedarse unos minutos más en la cama después de que sonara la alarma fue considerado un mal hábito. Sin embargo, investigaciones recientes comenzaron a demostrar que, cuando no afecta el descanso nocturno, ese momento de transición puede tener efectos positivos sobre el bienestar.
Un estudio de la Universidad de Estocolmo analizó el uso de la función snooze, que permite retrasar la alarma unos minutos, y concluyó que quienes la utilizan no presentan un peor rendimiento cognitivo ni dificultades en la memoria de trabajo. Por el contrario, muchos participantes aseguraron sentirse más despejados y menos estresados al comenzar la jornada.
Además de esos minutos extra en la cama, el contacto físico también puede marcar una diferencia. Una investigación publicada en la revista PLOS One reveló que las personas que reciben abrazos experimentan una disminución de las emociones negativas y una mayor sensación de calma.
Los especialistas explican que este gesto favorece la liberación de oxitocina, conocida como la "hormona del bienestar", al tiempo que reduce los niveles de cortisol, relacionado con el estrés. No obstante, remarcan que estos beneficios no reemplazan la importancia de dormir entre siete y nueve horas por noche. Incorporar pequeños hábitos saludables al despertar, como estirarse, respirar profundamente o compartir un abrazo, puede ayudar a comenzar el día con una mejor disposición física y emocional.