Seguro alguna vez ocurrió: alguien bosteza cerca de tuyo y, segundos después, sientes la necesidad de hacer lo mismo. Lo curioso es que el efecto también puede aparecer al mirar una foto, un video o incluso leer sobre un bostezo.
Durante años se creyó que este fenómeno estaba relacionado principalmente con la empatía o la imitación social. Sin embargo, distintas investigaciones científicas sugieren que detrás de este reflejo existen mecanismos más complejos vinculados al funcionamiento del cerebro.
El investigador Andrew C. Gallup y su equipo de la Universidad de Albany, en Estados Unidos, estudiaron durante años por qué un bostezo puede “contagiarse” y qué factores intervienen en esa respuesta involuntaria.
¿El cerebro se enfría cuando bostezamos?
Una de las principales teorías científicas sostiene que el bostezo cumple una función de regulación térmica del cerebro.
El movimiento de abrir ampliamente la boca, inhalar profundamente y activar músculos de la cara favorecería la circulación de sangre y el ingreso de aire, ayudando a disminuir el exceso de temperatura cerebral.
¿Por qué una imagen o un video pueden provocar un bostezo?
Los investigadores analizaron qué ocurría cuando las personas observaban imágenes de rostros con distintas expresiones: neutrales, sonrientes o bostezando.
Los resultados mostraron que una parte importante de los participantes comenzó a bostezar al ver imágenes de personas bostezando, incluso estando solos frente a una pantalla.
Pero cuando los voluntarios modificaban su forma de respirar, por ejemplo, respirando únicamente por la nariz, la respuesta disminuía notablemente. Esto indicó que el fenómeno no depende solamente de la percepción visual, sino también de procesos fisiológicos.
El frío puede detener un bostezo contagioso
Otro de los experimentos analizó la relación entre temperatura y bostezo.
Cuando los participantes sostenían una compresa fría sobre la frente, la cantidad de bostezos contagiosos disminuía de manera considerable. En cambio, con temperaturas normales o más cálidas, el reflejo aparecía con mayor frecuencia.
Estos resultados reforzaron la idea de que el bostezo podría funcionar como una herramienta natural para ayudar al cerebro a mantenerse activo y regulado.
¿Por qué el bostezo se contagia entre personas?
Aunque todavía existen preguntas abiertas, algunos científicos consideran que el bostezo contagioso pudo tener una función evolutiva.
En grupos humanos y animales, este reflejo podría haber funcionado como una señal colectiva relacionada con los cambios de atención o el estado de alerta. Cuando una persona bostezaba, otras podían responder y modificar su nivel de vigilancia.
Un fenómeno cotidiano que todavía sorprende a la ciencia
Créditos: El bostezo parece un acto simple, pero detrás de ese movimiento involuntario existe una combinación de procesos neurológicos, fisiológicos y evolutivos.
La próxima vez que alguien bostece y automáticamente sientas ganas de hacerlo también, recuerda que no se trata solo de una reacción de aburrimiento: tu cerebro podría estar activando un antiguo mecanismo para mantenerse en equilibrio.
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