Los retos virales dejaron de ser una simple moda en redes sociales para convertirse en una preocupación creciente entre especialistas, docentes y familias. Un estudio de la Universidad Austral reveló que uno de cada cuatro adolescentes participó en al menos un desafío viral durante el último año, una conducta que, según los investigadores, está vinculada con la necesidad de pertenecer a un grupo, la búsqueda de aprobación y un mayor nivel de vulnerabilidad emocional.
La investigación, publicada en la revista científica internacional Youth & Society, determinó que el 14% de los adolescentes realizó uno o dos retos virales, un 5% participó en tres o cuatro y otro 6% aseguró haber hecho cinco o más en los últimos doce meses.
El perfil de quienes más participan
Los especialistas sostienen que el dato más preocupante no es la cantidad de desafíos realizados, sino el perfil de quienes los replican con mayor frecuencia.
El trabajo detectó una relación entre la participación reiterada en retos virales y niveles más altos de adicción digital, conductas problemáticas en redes sociales como Instagram y TikTok y una mayor vulnerabilidad emocional.
Santiago Resett, investigador independiente del CONICET, docente de la Universidad Austral y la UADE, explicó que el fenómeno responde en gran parte a un fuerte efecto de contagio social.
"Una de las cuestiones más llamativas fue observar la frecuencia con la que aparecen los retos virales y el fuerte efecto de contagio social que generan entre adolescentes", señaló.
Además, advirtió que muchos adultos desconocen los riesgos que existen en el mundo digital.
"Muchas veces están tranquilos porque su hijo está dentro de la casa con el celular o la tablet, evitando los peligros del mundo offline. Pero el mundo online también tiene riesgos si no se supervisa y acompaña", sostuvo.
La necesidad de pertenecer
El estudio concluye que uno de los principales motores de estos desafíos es la necesidad de sentirse parte de un grupo.
En un contexto donde la aceptación suele medirse por la cantidad de "me gusta", comentarios y reproducciones, muchos adolescentes terminan realizando conductas que en otras circunstancias probablemente no adoptarían.
Resett explicó que detrás de estos comportamientos suele existir un perfil caracterizado por impulsividad, búsqueda constante de nuevas sensaciones y dificultades para regular las emociones.
"Jugar videojuegos o mirar reels no es malo en sí mismo. El problema aparece cuando esas conductas se vuelven compulsivas y terminan afectando la salud mental, las relaciones sociales o el bienestar de la persona", afirmó.
La investigación también encontró que quienes realizan más retos virales presentan mayores niveles de síntomas depresivos, aunque los autores aclaran que esto no implica una relación de causa y efecto, sino que ambas variables forman parte de un mismo escenario de vulnerabilidad.
Los riesgos que esconden los desafíos
Los investigadores remarcan que no todos los retos virales representan un peligro, pero advierten que algunos pueden implicar riesgos físicos importantes, como privación del sueño, consumo excesivo de alimentos o prácticas que ponen en riesgo la integridad de quienes participan.
También aparecen amenazas menos visibles, como el llamado oversharing, una práctica que consiste en compartir demasiada información personal en redes sociales.
Publicar la ubicación en tiempo real, el nombre de la escuela o datos familiares puede facilitar situaciones de grooming, ciberbullying, extorsiones o estafas.
Incluso algunos desafíos llegaron a generar falsas amenazas de tiroteos escolares en distintos países, provocando preocupación en comunidades educativas enteras.
Por qué TikTok e Instagram potencian el fenómeno
El informe señala que plataformas como TikTok e Instagram reúnen características especialmente atractivas para los adolescentes.
Sus algoritmos detectan rápidamente los contenidos que generan mayor impacto emocional y ofrecen un flujo constante de videos breves, mientras que los "likes", comentarios y visualizaciones funcionan como un sistema de recompensa que incentiva el uso permanente.
"Nunca se sabe cuál será el próximo reel interesante o cuántos likes recibirá una publicación. Esa incertidumbre favorece revisar constantemente la aplicación", explicó Resett.
La importancia del acompañamiento
Los especialistas coinciden en que la solución no pasa por prohibir el uso de la tecnología, sino por acompañar a los adolescentes, establecer límites saludables y generar espacios de diálogo.
Entre las recomendaciones aparecen conversar sobre los riesgos del mundo digital, fomentar el pensamiento crítico y aplicar estrategias simples, como detenerse unos segundos antes de publicar un contenido para reflexionar sobre sus posibles consecuencias.
La licenciada en Educación María Emilia Reale sostuvo que los adultos también deben revisar sus propios hábitos.
"No podemos pedirles a los adolescentes que se desconecten si nosotros mismos estamos permanentemente pendientes de una pantalla. Educar en el uso saludable de la tecnología implica también dar el ejemplo", concluyó.
Los especialistas consideran que fortalecer los espacios de conversación, recuperar momentos compartidos sin dispositivos y enseñar a reflexionar antes de publicar son algunas de las herramientas más eficaces para que los jóvenes puedan desenvolverse con mayor seguridad en un entorno digital cada vez más complejo.
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