Antes del pitazo inicial, hay una escena que se repite en casi todos los partidos de fútbol profesional: los jugadores ingresan al campo acompañados por niños y niñas que caminan a su lado. Aunque para muchos es una simple tradición, este protocolo tiene un significado mucho más profundo relacionado con la promoción de los derechos de la infancia, el juego limpio y los valores que busca transmitir el deporte.
Con el paso de los años, esta imagen se convirtió en uno de los momentos más representativos de las ceremonias previas a los encuentros internacionales y de las principales ligas del mundo.
¿Cuándo comenzó esta tradición?
La costumbre nació durante la Copa Mundial de Corea del Sur y Japón 2002, cuando la FIFA impulsó un programa junto con UNICEF para que los futbolistas ingresaran al campo junto a niños como una forma de visibilizar la importancia de proteger a la infancia y fomentar un entorno seguro para su desarrollo.
El objetivo era recordar que el fútbol también puede ser una herramienta para promover valores como el respeto, la inclusión, la igualdad y la solidaridad.
Desde entonces, la iniciativa se mantuvo y comenzó a replicarse en torneos continentales, campeonatos nacionales y otras competencias organizadas por federaciones de distintos países.
Los chicos que ingresan al campo son conocidos internacionalmente como Player Escorts o Mascot Children.
En competencias organizadas por la FIFA, suelen ser seleccionados mediante programas especiales, concursos, iniciativas sociales o acciones impulsadas por patrocinadores oficiales. También participan niños invitados por organizaciones comunitarias, escuelas de fútbol o fundaciones vinculadas con el deporte.
En las ligas profesionales, el mecanismo puede variar según cada club u organización, aunque el objetivo es ofrecerles una experiencia única e inolvidable.
Además de representar el futuro del fútbol, la presencia de los niños busca transmitir un mensaje de convivencia, respeto y juego limpio.
Para muchos pequeños aficionados, caminar junto a sus ídolos se convierte en uno de los recuerdos más importantes de su infancia. Al mismo tiempo, los futbolistas suelen vivir ese momento con especial emoción, conscientes del significado simbólico que tiene el gesto.
Una tradición que continúa vigente
Más de dos décadas después de su creación, el ingreso de los jugadores con niños sigue formando parte del protocolo de las principales competencias internacionales.
Lejos de ser un detalle decorativo, esta tradición recuerda que el deporte puede inspirar a las nuevas generaciones y promover valores que trascienden el resultado de un partido. Por eso, cada vez que un equipo pisa el campo acompañado por chicos y chicas, el mensaje es el mismo: el fútbol también es una herramienta para educar, incluir y construir un futuro mejor.