Para algunas personas, quedarse dormidas con la televisión encendida, una playlist, un podcast o un video de fondo se volvió parte de la rutina nocturna. Aunque parece una forma de relajarse y dejar atrás las preocupaciones del día, esta práctica puede tener efectos sobre la calidad del sueño.
El descanso está influenciado por diferentes factores del ambiente, como la oscuridad, la temperatura, la comodidad y el nivel de ruido. Si bien muchas personas prefieren un dormitorio completamente silencioso, otras sienten que necesitan algún sonido para poder conciliar el sueño.
La explicación detrás de este hábito combina factores psicológicos, costumbres adquiridas y la necesidad de generar una sensación de compañía durante la noche.
¿Por qué algunas personas necesitan escuchar algo para quedarse dormidas?
Uno de los motivos más frecuentes es que la presencia de sonidos ayuda a distraer la mente. Al acostarnos, muchas veces aparecen preocupaciones, pensamientos pendientes o recuerdos del día, lo que puede dificultar el momento de relajación. En estos casos, escuchar una voz conocida, un programa habitual o un podcast funciona como una especie de entretenimiento mental que reduce la llamada “rumiación”, es decir, la tendencia a pensar repetidamente en aquello que genera preocupación.
Además, con el paso del tiempo, esta práctica puede convertirse en un hábito. El cerebro comienza a asociar determinados sonidos con el momento de dormir y la persona puede sentir que necesita esa rutina para poder descansar.
No todas las personas utilizan sonidos de fondo por una cuestión emocional. En algunos casos, funcionan como una barrera frente a otros ruidos del ambiente. El tránsito, vecinos, obras, mascotas o sonidos inesperados pueden dificultar el descanso, especialmente en zonas urbanas. Un sonido constante puede ayudar a disimular esas interrupciones y hacer que el entorno resulte más predecible.
Sin embargo, no todos los sonidos tienen el mismo efecto sobre el organismo.
Aunque algunas personas sienten que descansan mejor con estos estímulos, los sonidos cambiantes pueden afectar las distintas etapas del sueño. Una conversación, una escena intensa o un cambio repentino de volumen pueden generar pequeños despertares durante la noche. Esto puede provocar un descanso fragmentado y menos reparador, incluso cuando la persona no recuerda haberse despertado.
Entre las posibles consecuencias de dormir mal aparecen:
Cansancio durante el día. Falta de concentración. Cambios en el estado de ánimo. Mayor sensación de estrés. Menor rendimiento físico y mental.
Cómo reducir los efectos negativos de dormir con sonidos
Para quienes todavía no pueden abandonar esta costumbre, existen algunas estrategias que pueden ayudar a mejorar la calidad del descanso. Una opción es utilizar un temporizador para que la televisión, el celular o el dispositivo elegido se apaguen después de unos minutos. De esta manera, el estímulo no continúa durante toda la noche.
También se recomienda elegir contenidos tranquilos, con sonidos suaves y sin escenas de tensión o sobresaltos. Las historias intensas o los cambios bruscos pueden mantener al cerebro activo cuando debería comenzar a relajarse.
Otra alternativa son los sonidos constantes, como ruido blanco, sonidos de lluvia o ambientes naturales, que pueden resultar menos invasivos que una serie o un programa con diálogos. Dormir es un proceso fundamental para recuperar energía, consolidar recuerdos y mantener el equilibrio físico y emocional. Aunque quedarse dormido con algún sonido de fondo puede parecer una práctica inocente, mantenerla todas las noches podría afectar la calidad del descanso.
Encontrar una rutina nocturna saludable, con menos estímulos y mayor tranquilidad, puede ser una de las claves para lograr un sueño más profundo y reparador.