Una startup tecnológica intentó dar un paso hacia el futuro colocando a una inteligencia artificial como encargada de una cafetería, pero el experimento terminó de la peor manera.
La prueba se realizó en un bar de Estocolmo, Suecia, donde un sistema automatizado basado en Gemini de Google debía administrar compras, coordinar empleados y gestionar el funcionamiento diario del local.
Sin embargo, el resultado fue tan insólito como problemático.
La inteligencia artificial, bautizada como “Mona”, malgastó gran parte del presupuesto en compras innecesarias y olvidó adquirir productos básicos para el negocio.
Entre los pedidos más llamativos aparecieron unas 6.000 servilletas, miles de guantes de goma y cantidades exageradas de tomates, a pesar de que el menú ni siquiera incluía comidas con ese ingrediente.
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Mientras tanto, el sistema olvidó comprar pan, algo fundamental para preparar los sándwiches que vendía la cafetería.
La situación obligó a los trabajadores a retirar varios productos del menú y reorganizar la cocina para improvisar otras opciones.
El experimento fue impulsado por la empresa Andon Labs, una startup con sede en San Francisco que buscaba probar el potencial de las llamadas inteligencias artificiales “agénticas”, capaces de tomar decisiones de manera autónoma y con mínima intervención humana.
Según trascendió, la IA administraba un presupuesto superior a los 21.000 dólares que debía alcanzar durante varios meses, aunque terminó gastando gran parte del dinero en apenas unas semanas.
Además de realizar pedidos erráticos, el sistema enviaba instrucciones diarias a los empleados a través de plataformas internas de comunicación.
La experiencia terminó convirtiéndose en un ejemplo de las limitaciones que todavía presentan este tipo de tecnologías en tareas de gestión cotidiana.
El caso también volvió a abrir el debate sobre las expectativas que existen alrededor de la inteligencia artificial y su incorporación al mundo laboral.
Incluso, distintos medios recordaron declaraciones realizadas en 2024 por Sam Altman, CEO de OpenAI, quien había asegurado que durante 2025 comenzarían a verse agentes de IA transformando radicalmente la productividad empresarial.
Por ahora, al menos en esta cafetería sueca, la revolución tecnológica terminó entre tomates, servilletas y sándwiches sin pan.
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