Todos los días, poco antes del mediodía, Mirta Cardoso emprende un viaje de 20 kilómetros por caminos de tierra para llegar a la Escuela Rural N° 7 “Calá”, ubicada en el distrito Sauce, en el interior de Entre Ríos. Allí, desde hace años, sostiene prácticamente sola el funcionamiento del establecimiento educativo.
La docente se desempeña como directora, maestra y portera de la institución, donde asisten apenas nueve alumnos de diferentes edades. En una misma aula conviven niños del nivel inicial y estudiantes de primaria, en un sistema plurigrado que requiere organización, paciencia y una enorme vocación.
“Siempre pienso en que la escuela esté bien y en que a los chicos no les falte nada”, expresó la docente, que muchas veces utiliza dinero de su propio bolsillo para comprar materiales, realizar pequeñas reparaciones o garantizar elementos básicos para las clases.
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Además de enseñar, Mirtha se encarga de abrir la escuela, organizar la jornada, servir la merienda y mantener el edificio en condiciones. Como el establecimiento no cuenta con comedor, también gestiona un refuerzo alimentario para brindarles una vianda a los estudiantes.
La escuela tampoco dispone de computadoras ni de equipamiento tecnológico, mientras que la conexión a internet es costeada por las propias familias de la zona.
La historia de la docente emocionó a miles de personas por el enorme esfuerzo que realiza diariamente para garantizar el acceso a la educación en un contexto rural y con múltiples dificultades.
A pesar de estar cerca de jubilarse, Mirtha aseguró que continúa con entusiasmo gracias al acompañamiento de las familias y al cariño de sus alumnos.
“Me siento feliz y con fuerzas para seguir”, resumió la maestra, que se convirtió en un ejemplo de compromiso y dedicación.