Este 5 de diciembre se cumplen 156 años de un episodio clave para la historia espiritual y social del oeste cordobés: la llegada del Cura José Gabriel Brochero a San Pedro, tras un extenso viaje a lomo de mula atravesando las Sierras Grandes, guiado por la fe y la misión que llevaba en el corazón.
A su arribo, Brochero descubrió que el sacerdote encargado de entregarle el Curato, el Cura Aguirre, no se encontraba en el lugar, sino en Ambul. Sin dudarlo, emprendió el camino para buscarlo, pero terminó extraviado en la zona serrana. Su historia tomó un giro decisivo cuando llegó a Panaholma y fue recibido por Doña Zoraida Viera, quien lo hospedó y le consiguió un guía para retomar la ruta correcta. Gracias a esa ayuda, Brochero logró llegar a Ambul, encontrarse con Aguirre y finalmente asumir el Curato de San Pedro, cabecera de toda la zona.
El inicio de un legado
Recién instalado, Brochero identificó su primera gran preocupación: el estado de los templos. Algunos estaban deteriorados y otros directamente faltaban. Lejos de quedarse en la queja, se puso a trabajar de inmediato.
El primer proyecto que encaró fue la construcción del templo de San Pedro. Para acelerar la obra, pidió colaboración a su antiguo profesor de Teología, Uladislao Castellano, que veraneaba en Yacanto acompañado de varios seminaristas. Todos bajaron a San Pedro y allí montaron una fábrica de ladrillos para asegurar materiales propios. La obra avanzó a ritmo sostenido y, al año siguiente, Brochero ya podía celebrar misa en la nueva iglesia.
Un legado que perdura
La llegada de Brochero marcó el inicio de una transformación profunda en los pueblos serranos: templos restaurados, caminos abiertos, escuelas impulsadas y una obra pastoral que, más de un siglo y medio después, sigue viva en cada comunidad que fue tocada por su paso.
Hoy, como cada 5 de diciembre, se recuerda no solo su llegada, sino también el espíritu de servicio y entrega que lo llevó a convertirse en una de las figuras más queridas de la fe popular argentina.