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Tiene 10 años y ya reconstruye un auto que manejará cuando cumpla 18

Creció entre herramientas y autos en el taller familiar. Hoy, con apenas 10 años, ya ayuda a su papá y sueña con diseñar sus propios vehículos.

En un taller mecánico del barrio Alberdi, en Córdoba, entre motores abiertos, llaves inglesas y olor a aceite, hay un protagonista inesperado: Santino Gómez, un nene de 10 años que encontró su pasión entre herramientas y autos.

Mientras muchos chicos pasan su tiempo libre frente a pantallas o videojuegos, Santino prefiere pasar las tardes en el taller de su papá, Franco, donde observa, aprende y cada día suma nuevos conocimientos sobre mecánica.

La historia comenzó casi sin que la familia lo notara. “Tenía apenas un año y ya agarraba herramientas e intentaba hacer algo en el auto. No sabía qué estaba arreglando, pero quería participar”, contó su padre, sorprendido por la vocación temprana de su hijo.

Con el paso de los años, esa curiosidad infantil se transformó en habilidad. Hoy Santino escucha los motores y muchas veces detecta qué falla tienen los autos que llegan al taller.

“A mí me gusta mucho desarmar las cosas. Quiero ver qué tienen adentro, cuántas tuercas tiene cada parte”, explicó el chico, con la naturalidad de quien habla de un pasatiempo cotidiano.

En el taller no es un simple espectador. Santino ayuda, observa y aprende, siempre bajo la mirada atenta de su padre, quien intenta enseñarle no solo el oficio sino también el valor del esfuerzo.

Cada pequeño trabajo tiene su recompensa: algunas monedas que el niño guarda como ahorro, siguiendo el consejo de su papá.

En la familia Gómez incluso existe un castigo muy particular. Si Santino se porta mal o descuida la escuela, la sanción es clara: no ir al taller por una semana.

“Por eso trato de traer buenas notas y no mandarme macanas, porque quedarme sin ir al taller es lo peor”, contó entre risas.

Cuando no puede estar allí, el chico busca otras formas de aprender. Desarma juguetes, mira videos de mecánica en internet y trata de entender cómo funcionan las cosas por dentro.

Pero su proyecto más especial lo comparte con su padre. Ambos trabajan juntos en la restauración de una camioneta Volkswagen Saveiro, que Santino espera manejar cuando cumpla 18 años.

“Mi papá la compró casi abandonada y la estamos arreglando completa. Ese va a ser mi regalo cuando sea grande”, contó con entusiasmo.

Aunque en su familia ya estaban acostumbrados a verlo entre motores, la historia comenzó a llamar la atención de vecinos y clientes del taller, quienes muchas veces se sorprenden al verlo trabajar con tanta pasión.

Al pensar en el futuro, Santino lo tiene claro: quiere ser ingeniero mecánico, diseñar autos y tener su propio taller. Y hay algo que tampoco negocia.

“Cuando tenga mi taller, mi papá va a trabajar conmigo, porque él me enseñó todo lo que sé”, aseguró.

Entre herramientas, motores y manos manchadas de grasa, Santino sigue creciendo en el lugar donde encontró su verdadera pasión: el taller donde aprendió que los sueños también pueden construirse pieza por pieza.

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