La polémica volvió a instalarse en el mundo del fútbol luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconociera que se comunicó con el titular de la FIFA, Gianni Infantino, para solicitar una revisión de la sanción que pesaba sobre el delantero estadounidense Folarin Balogun.
El jugador había recibido una tarjeta roja durante el Mundial 2026 y la sanción podía dejarlo afuera de un partido clave para la selección norteamericana. Tras el pedido del mandatario, el organismo rector del fútbol mundial analizó la situación y finalmente habilitó al atacante para continuar en competencia.
La decisión generó cuestionamientos y abrió un debate sobre la posible influencia de factores externos en resoluciones deportivas, especialmente por tratarse de un llamado realizado por un jefe de Estado directamente a la máxima autoridad del fútbol mundial.
Sin embargo, la historia de los Mundiales cuenta con un antecedente que guarda ciertas similitudes y que tiene como protagonista a una de las grandes leyendas del fútbol brasileño: Mané Garrincha.
Garrincha y el caso que marcó el Mundial de 1962
Durante la Copa del Mundo disputada en Chile, el extremo brasileño fue expulsado en la semifinal frente al seleccionado local. Garrincha había sido la gran figura del encuentro, marcando dos goles en el triunfo de Brasil por 4-2, pero terminó fuera del campo tras un incidente con un rival.
La expulsión puso en duda su presencia en la final ante Checoslovaquia, donde Brasil buscaba defender el título conseguido cuatro años antes. La delegación brasileña realizó gestiones ante la FIFA para que el jugador pudiera estar disponible.
Finalmente, el organismo decidió no aplicar una suspensión que le impidiera jugar y Garrincha fue habilitado para disputar la definición. El delantero fue titular en la final y Brasil terminó consagrándose campeón del mundo por segunda vez en su historia.
Dos casos separados por más de seis décadas
Aunque las situaciones ocurrieron en contextos muy diferentes, ambos episodios quedaron relacionados por una misma cuestión: una sanción que podía cambiar el destino de una selección terminó siendo revisada antes de un partido decisivo.
La diferencia principal es que en 1962 las normas disciplinarias eran distintas y las expulsiones no tenían el mismo mecanismo automático de suspensión que existe en la actualidad. En el caso de Balogun, la controversia surgió por la intervención pública de Trump y por la rapidez con la que se reconsideró la situación.
Más de 60 años después, los nombres de Garrincha y Balogun quedaron unidos por una circunstancia poco habitual en los Mundiales: una sanción que parecía definitiva y que terminó modificándose tras una gestión inesperada.
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