Durante la Edad Media, algunas representaciones artísticas de San Cristóbal llamaron la atención por un rasgo muy particular: en ciertos íconos del cristianismo oriental el santo aparece con cabeza de perro.
Estas imágenes, presentes especialmente en el arte bizantino, muestran al santo con cuerpo humano pero con rostro canino. La curiosa iconografía está relacionada con antiguas leyendas que circulaban en la antigüedad sobre los cinocéfalos, un pueblo mítico descrito por autores del mundo grecorromano como hombres con cabeza de perro.
Según algunas interpretaciones históricas, la representación también podría haber surgido a partir de una confusión lingüística. En ciertos textos, el término Canaaneus (cananeo) habría sido traducido erróneamente como canineus (canino), lo que habría influido en la manera en que se lo representó en algunos íconos religiosos.
Otra tradición sostiene que el propio santo pidió perder su belleza física para evitar caer en la vanidad o en tentaciones, lo que habría dado lugar a una representación simbólica que buscaba destacar su humildad.
Lejos de interpretaciones modernas, los especialistas señalan que estas imágenes forman parte de la simbología del arte cristiano oriental y no tienen relación con fenómenos contemporáneos como la subcultura therian, en la que algunas personas afirman sentir una conexión psicológica o identitaria con animales.
Con el paso del tiempo, la representación de San Cristóbal volvió a la imagen más conocida en Occidente: la del gigante que ayuda a los viajeros y carga sobre sus hombros al Niño Jesús mientras cruza un río.