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VIDEO | Helado en medio del monte: la historia del hombre que lleva frescura al campo santiagueño en moto y carro

En pleno corazón rural de Santiago del Estero, donde el calor aprieta y las distancias parecen eternas, un hombre desafía la lógica: vende helados artesanales en el campo, recorriendo caminos de tierra. El video en la nota.

Dalton Sayago

Por Dalton Sayago

En pleno corazón rural de Santiago del Estero, donde el calor aprieta y las distancias parecen eternas, Marcela Coman contó la historia de un hombre que desafía la lógica: vende helados artesanales en el campo, recorriendo caminos de tierra en moto y carro, manteniendo el frío con métodos tan simples como efectivos. Una escena cotidiana que se volvió viral y que habla de ingenio, esfuerzo y cercanía.

 

El helado llega donde casi nada llega

En Santiago del Estero hay cosas que parecen imposibles. Una de ellas es comer helado en bochita en medio del campo, cuando el termómetro supera los 45 grados y el camino más cercano parece un espejismo. Sin embargo, Carlos Ábalos demuestra que, con creatividad y ganas de trabajar, incluso lo impensado puede volverse rutina.

La escena quedó registrada en un video que circula por redes sociales y que rápidamente despertó sorpresa y admiración. Allí se lo ve llegar en moto, con un carro adaptado, ofreciendo helados artesanales a familias rurales que lo esperan como quien espera una visita especial.

 

“¿Cuántos grados está haciendo? Debe estar como cincuenta, sesenta”, se escucha decir entre risas, mientras reparte bochitas de banana, frutilla, granizado, durazno o crema del cielo.

 

Ingenio criollo para vencer al calor

La pregunta surge sola: ¿cómo hace para que el helado no se derrita?

La respuesta es tan sencilla como ingeniosa. Carlos utiliza un sistema tradicional: hielo con sal alrededor del recipiente, una técnica antigua que permite mantener el frío durante horas, incluso bajo el sol santiagueño.

Los helados no son comprados: son artesanales, hechos por él y su hermano. La capacidad ronda los diez kilos por viaje, con varios sabores, lo justo para abastecer a quienes viven lejos de kioscos, supermercados o heladerías.

Cuando se termina, no hay drama: se vuelve a cargar y se regresa. Aunque el camino esté “como espejo”, como dicen en el video, por el calor y el polvo.

 

Mucho más que vender helados

Carlos no solo vende un producto. Lleva un momento de alivio, una excusa para reunirse, una alegría simple en lugares donde todo cuesta más. En el campo, su llegada no es casual: lo esperan chicos, grandes, familias enteras que saben que, aunque vivan lejos, alguien piensa en ellos.

“No tenemos heladería”, aclara con naturalidad. Solo una moto, un carro, helados caseros y la decisión de salir igual, haga el calor que haga.

 

Un final bien frío para una historia bien caliente

Mientras en las ciudades el helado es algo cotidiano, en el monte santiagueño se convierte en un pequeño milagro cotidiano. Carlos Ábalos lo logra sin tecnología sofisticada ni grandes recursos, solo con trabajo, ingenio y cercanía.

Porque en Santiago del Estero, incluso bajo el sol más bravo, siempre hay lugar para una bochita de helado… y para una buena historia.

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