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La mirada de las constelaciones familiares

El especialista santiagueño Mario Varas desentrama el origen de una filosofía y terapia transgeneracional que busca la sanación del individuo a través de la reconciliación con todo su sistema ancestral.

Existe una trama invisible que nos sostiene, nos condiciona y, muchas veces, determina el rumbo de nuestras vidas sin que seamos plenamente conscientes de ello. Pensar el comportamiento humano de forma aislada es, para las corrientes terapéuticas modernas, una mirada incompleta. El ser humano es el resultado de un entramado de historias, dolores, éxitos y asignaturas pendientes que se arrastran a lo largo de las generaciones.

Para profundizar en este fascinante abordaje, el profesor en Filosofía y Pedagogía santiagueño Mario Varas, egresado del Instituto Superior de Profesorado Provincial (ISPP) y especialista en Constelaciones Familiares, desmenuza la naturaleza de una metodología que se sitúa en la frontera entre la filosofía de vida y la intervención terapéutica. Un puente directo hacia la psicología transgeneracional que invita a mirar el pasado con respeto para liberar el presente.

Un puente entre la filosofía y la psicoterapia familiar

Las constelaciones familiares no surgieron de forma aislada, sino que hunden sus raíces en las últimas décadas del siglo XX, nutriéndose de los debates y las prácticas de la psicoterapia familiar sistémica. En sus albores, fueron sociólogos y psiquiatras quienes comenzaron a ensayar dinámicas que permitieran mapear los vínculos humanos más allá de la palabra. Sin embargo, el verdadero catalizador y arquitecto de este movimiento fue Bert Hellinger.

Hellinger, un renombrado psicólogo y filósofo alemán, tomó aquellas experiencias primigenias para darles un método riguroso, un procedimiento claro y una estructura conceptual sólida. A lo largo de su vida, volcó sus conclusiones en una impresionante obra compuesta por 69 libros, donde fue perfeccionando y puliendo la técnica a partir de la observación empírica de miles de casos.

Originalmente, Hellinger bautizó a su enfoque como “reconfiguración familiar”, un término que aludía de forma directa al reordenamiento de los elementos que componen la psiquis del consultante. Con el tiempo, la traducción y la masificación del concepto derivaron en el nombre con el que hoy se conoce mundialmente al método en los ámbitos del crecimiento personal y la terapia holística.

El método fenomenológico: Observar lo oculto en el presente

Una de las particularidades que destaca el profesor Mario Varas sobre las constelaciones familiares es el uso del método fenomenológico. En términos sencillos, la fenomenología renuncia a los prejuicios teóricos previos para centrarse en la observación pura del fenómeno tal como se manifiesta ante los ojos del terapeuta y del consultante.

En la práctica, esto se traduce en la representación viva de la dificultad o el conflicto que aqueja a la persona. El proceso operativo es de un impacto visual y emocional inmediato:

- Representación de dinámicas: Si un paciente acarrea una enfermedad persistente, el método permite representar esa afección de forma externa.

- Mapeo de conflictos: Si el problema radica en el plano laboral, en la pareja o en el núcleo familiar primario, se configuran en el espacio tanto las personas involucradas como el nudo del conflicto mismo.

A través de esta puesta en escena, lo que estaba soterrado en el inconsciente emerge a la superficie. La causa original del sufrimiento, que suele permanecer camuflada bajo capas de mecanismos de defensa, se hace visible. Según explica Varas, el origen de un trauma actual rara vez se encuentra en la superficie del presente; con frecuencia se halla sepultado en los años de la infancia temprana o, más atrás aún, en las vivencias no resueltas de los antecesores. Una vez que esa raíz es identificada y sacada a la luz, se puede guiar y orientar al individuo hacia una resolución saludable de su problemática.

El peso de los ancestros: Más allá de la herencia biológica

La importancia que adquieren los antepasados dentro de la cosmovisión de las constelaciones familiares es absoluta. La metodología parte de una premisa que desafía los cánones de la genética tradicional: los seres humanos no solo heredamos los rasgos físicos como el color de ojos, la contextura ósea, el tono de piel o el tipo de cabello. La herencia transgeneracional es también un equipaje psíquico y emocional.

En el mapa de nuestro inconsciente transportamos los éxitos, las virtudes, las fortalezas y los talentos de quienes nos precedieron, pero también somos depositarios de sus traumas, sus duelos bloqueados, sus culpas y sus cuentas pendientes. “A veces llevamos sobre nuestras espaldas enfermedades o destinos difíciles que pertenecen a nuestros ancestros. Al identificarlos mediante la representación, es posible ensayar movimientos de ordenamiento y frases de sanación que tienen un efecto inmediato en el presente de la persona, pero que también actúan de manera retrospectiva sobre el alma familiar”, señala Varas.

Al ordenar una pieza del rompecabezas, todo el sistema familiar experimenta un alivio. Se disuelven las lealtades invisibles que obligaban a las nuevas generaciones a repetir los mismos patrones de escasez, enfermedad o soledad de los abuelos o bisabuelos. Las constelaciones familiares, bajo la mirada pedagógica y filosófica de especialistas como Mario Varas, se consolidan así como una herramienta de reconciliación histórica. Una invitación definitiva a honrar el pasado tal como fue, para caminar hacia el futuro con ligereza, libertad y sello propio.

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