Las estafas virtuales dejaron de ser un problema lejano, reservado a grandes ciudades o a usuarios desprevenidos. Hoy forman parte de la vida cotidiana y también golpean en Santiago del Estero, donde una nueva maniobra encendió las alarmas: delincuentes habrían utilizado el WhatsApp de un hotel para engañar a personas mediante una operatoria que se apoya en la confianza, la urgencia y el desconocimiento digital.
El caso fue analizado en LV11 por el abogado Agustín Tello, especialista en delitos cibernéticos, quien fue contundente al describir el escenario actual: “Las estafas virtuales vinieron para quedarse”. La frase resume un fenómeno que ya no puede tratarse como un hecho aislado, sino como una amenaza permanente que se adapta, cambia de forma y aprovecha cualquier descuido.
Según explicó el profesional, este tipo de delitos no siempre requiere grandes conocimientos técnicos. Muchas veces el engaño comienza con una cuenta intervenida, un número suplantado o un mensaje aparentemente confiable. Allí está la clave: el estafador no entra por la fuerza, sino por la apariencia de legitimidad. Si el mensaje llega desde el WhatsApp de un comercio, un hotel, un familiar o una empresa conocida, la víctima baja la guardia.
Lee También:
En el caso mencionado, el uso del WhatsApp de un hotel de Santiago del Estero expone una modalidad especialmente peligrosa. La víctima puede creer que está hablando con una fuente real, realizar una reserva, enviar dinero, compartir datos personales o aceptar instrucciones sin sospechar que detrás de la pantalla no está el comercio, sino un delincuente.
Tello remarcó que el delito digital avanza porque combina tecnología con manipulación psicológica. No se trata solamente de “hackeos”, sino de engaños diseñados para generar apuro, confianza o miedo. El estafador presiona para que la persona actúe rápido: pagar una seña, confirmar una operación, reenviar un código, hacer clic en un enlace o entregar información sensible.
La advertencia apunta también a comercios, hoteles, emprendimientos y prestadores de servicios. Una cuenta de WhatsApp vulnerada no solo puede generar perjuicio económico a terceros, sino también dañar la reputación de una firma y abrir una cadena de víctimas. Por eso, la seguridad digital ya no es un lujo técnico: es parte de la responsabilidad comercial.
El especialista insistió en que la prevención es la primera barrera. Activar la verificación en dos pasos, no compartir códigos de seguridad, desconfiar de enlaces desconocidos, confirmar por llamada cualquier pedido extraño y denunciar rápidamente son medidas básicas que pueden evitar daños mayores.
El problema, sin embargo, es más profundo: muchas víctimas no denuncian por vergüenza, por desconocimiento o porque creen que no recuperarán lo perdido. Esa falta de denuncia favorece a los delincuentes, que siguen cambiando de número, de nombre y de método.
La entrevista dejó una conclusión clara: las estafas virtuales ya son parte del mapa del delito cotidiano. Y frente a eso, la respuesta no puede ser ingenua. Hace falta educación digital, reacción rápida, denuncias formales y mayor conciencia ciudadana. Porque hoy, un simple mensaje de WhatsApp puede ser la puerta de entrada a una estafa.
Cómo evitar caer en una estafa por WhatsApp
No compartir nunca códigos de verificación, claves bancarias ni datos personales.
Activar la verificación en dos pasos de WhatsApp.
Desconfiar de mensajes que pidan dinero, señas o transferencias con urgencia.
Confirmar por llamada si el pedido llega desde un contacto conocido o un comercio.
No ingresar a enlaces enviados por desconocidos o por cuentas sospechosas.
Guardar capturas de pantalla, comprobantes y números utilizados por los estafadores.
Hacer la denuncia en la comisaría, fiscalía u organismo correspondiente. También se puede reportar el caso ante áreas especializadas en ciberdelitos.
Te puede interesar: La Banda atraviesa otra crisis en Salud tras la desvinculación de diez médicos