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Especiales Una mirada

Las redes sociales y el desafío de habitarlas

Para profundizar en esta metamorfosis y desentrañar cómo las pantallas reconfiguran nuestros vínculos, dialogamos con Lourdes Torres, una joven profesional santiagueña que trabaja activamente como community manager.

El pasado 30 de junio se celebró el Día Mundial de las Redes Sociales, una efeméride que, lejos de ser un simple recordatorio en el calendario, se consolida año a año como un espacio fundamental para reflexionar sobre los entornos que habitamos cotidianamente. Lo que nació como canales de entretenimiento o plataformas de nicho, hoy constituye la columna vertebral de la comunicación global. Para profundizar en esta metamorfosis y desentrañar cómo las pantallas reconfiguran nuestros vínculos, dialogamos con Lourdes Torres, una joven profesional santiagueña que trabaja activamente en la gestión de comunidades como community manager, dicta talleres, brinda charlas y, de manera complementaria, enriquece su mirada desde las ciencias humanas como estudiante del Profesorado de Psicología.

Desde su experiencia en el territorio digital, Torres propone una visión integradora y analítica sobre este fenómeno, invitando a la comunidad a amigarse con las herramientas tecnológicas, pero manteniendo siempre una mirada crítica y un fuerte sentido del compromiso social.

“Estoy a favor de entender que la tecnología es parte de la vida cotidiana en sí misma
“Estoy a favor de entender que la tecnología es parte de la vida cotidiana en sí misma".

 

La transformación constante de la era digital

 

“Haciendo especificación a este día tan importante para todos nosotros, los que trabajamos en el medio, los que estamos abocados al servicio de la era digital y de la comunidad, la fecha nos invita a poner el foco en lo que mostramos y en lo que queremos mostrar en realidad”, define Lourdes Torres al inicio del encuentro. Para la especialista, abordar el ecosistema de las plataformas implica desglosar variables complejas que atraviesan la vida moderna de manera transversal.

“Es fundamental hacer referencia al uso responsable de las redes sociales, a la seguridad y a la privacidad en línea. Hoy estas herramientas cumplen un papel de enorme relevancia no solo en la participación social y en la educación, transformando los métodos pedagógicos existentes, sino también en el desarrollo de los negocios. Nos encontramos ante una transformación gigante que nos avasalla, una era en la que nos tenemos que allanar y actualizar constantemente, minuto a minuto, porque la modificación es permanente.”— Lourdes Torres

 

En ese sentido, la entrevistada rescata el concepto de la palabra RED. Lejos de limitarlo a una mera estructura de servidores o algoritmos lógicos, destaca que se trata de “un conjunto de conexiones abarcativas a nivel mundial, no solamente tecnológico, sino fundamentalmente social”. Por ello, insiste en la necesidad de derribar barreras culturales y generar procesos de alfabetización digital: “Me parece muy genial el tema de implementar la tecnología y amigarnos con ella; es un paso clave para el desarrollo comunitario”.

 

Entre la vida cotidiana y la “meta-vida” artificial

Uno de los debates más profundos de la comunicación contemporánea gira en torno a si las pantallas actúan como puentes de unión o como muros de aislamiento que nos distancian de quienes tenemos al lado. Ante la consulta sobre la existencia de una especie de “meta-vida” o realidad artificial que muchas veces absorbe la atención del individuo en detrimento del contacto físico directo, Torres ofrece una postura clara, desmitificando la demonización de la tecnología.

“A partir de lo que es una vivencia con otra persona, nosotros ya nos relacionamos de por sí mediante conexiones tanto físicas como químicas y atracciones. En ese escenario, la tecnología dentro de la relación ya se ha vuelto algo cotidiano”, explica la profesional. Lejos de percibirlo como una fractura de la realidad, considera que los entornos virtuales complementan la presencialidad. “Estoy a favor de entender que la tecnología es parte de la vida cotidiana en sí misma. Si una persona cercana no está conmigo las 24 horas del día de los siete días de la semana, las redes me permiten saber qué hace, informarme y acompañarla. Se vuelve un estilo de vida”.

 

Sin embargo, Torres reconoce que convivir con creadores de contenido o trabajadores de medios exige comprender los códigos de la virtualidad: “Muchas veces vemos lo que la persona quiere mostrar en ciertas cosas. Si uno conoce a quien está detrás de la pantalla, entiende que muchas de sus publicaciones responden a su trabajo. Las redes sociales y la tecnología se transforman en un estilo de vida al que nos vamos amoldando de manera inconsciente. Nos pegamos a las publicaciones, a los informes, y el propio usuario ya sabe exactamente dónde ir a buscar el contenido que desea consumir. Uno aprende a discernir qué es lo estrictamente social, dónde informarse y dónde habita lo fantasioso o aspiracional”.

 

Al momento de catalogar y analizar el comportamiento de las diferentes plataformas tradicionales y emergentes en el mercado local, Lourdes Torres aporta una radiografía sumamente interesante, derribando ciertos mitos de la industria que a menudo decretan la obsolescencia de ciertas aplicaciones de forma apresurada.

Al detenerse específicamente en el análisis de Facebook, una red que en los grandes centros urbanos o en ciertos informes globales se percibe erróneamente en desuso, Torres destaca su enorme arraigo y vigencia en la provincia. “Es una red social que viene atravesando historias. Es la primera gran plataforma que la mayoría de los usuarios tenemos en mente y en vista”, detalla.

 

El fenómeno de Facebook en el contexto local está íntimamente ligado a la economía social y al comercio de cercanía. “Es la herramienta que mayormente se utiliza cuando la comunidad tiene la necesidad de comprar algo, de comparar un precio o de buscar un servicio. Durante muchos años, Facebook se ha encargado de demostrarle al usuario que es un entorno que genera una relación más cercana y segura entre las personas”, concluye la especialista, marcando la pauta de que la apropiación tecnológica siempre está determinada por la cultura y las necesidades concretas de cada comunidad.

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