Los días de calor intenso suelen traer más actividades al aire libre y horas dentro de la pileta, especialmente entre los más chicos. Sin embargo, esa combinación puede favorecer el contagio de piojos, un problema común del verano que no desaparece con el agua, el cloro ni los chapuzones.
Según expertos en dermatología, los piojos se aferran con fuerza al cuero cabelludo y pueden sobrevivir sin problemas a la inmersión prolongada. Por eso, la idea de que “se mueren en la pileta” es un mito: incluso pueden mantenerse adheridos mientras el niño nada o juega.
Lo que sí aumenta en esta época son las situaciones de cercanía: compartir toallas, peines, gorras, reposeras o mantener la cabeza muy próxima a la de otros chicos dentro del agua. Ese contacto directo es la principal vía de contagio.
Para prevenirlos, los especialistas recomiendan:
Evitar compartir objetos personales como toallas, gorros y cepillos.
Recoger el pelo largo en rodete o trenza para reducir el contacto cabeza a cabeza.
Revisar regularmente el cuero cabelludo, sobre todo detrás de las orejas y en la nuca, donde suelen alojarse las liendres.
Usar repelentes específicos o lociones preventivas aprobadas por dermatólogos.
Lavar y secar al sol toallas y accesorios después de cada visita a la pileta.
En caso de detectar liendres o piojos, se aconseja iniciar el tratamiento de inmediato y peinar con lendrera diariamente hasta eliminarlos por completo.
Los especialistas remarcan que las piletas no contagian piojos por el agua en sí, sino por la interacción cercana entre las personas. Por eso, la prevención y los buenos hábitos siguen siendo la mejor defensa durante todo el verano.