Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido
Espectáculo Duelo en la música

Adiós al gran Lucho González, un orfebre de sonidos de la guitarra criolla

A los 79 años, falleció el músico que revolucionó el folclore y el rock nacional con su sensibilidad única. Arreglador fundamental de Mercedes Sosa y pilar del histórico trío Vitale-Baraj-González, fue despedido por decenas de artistas.

El pasado sábado 28 de marzo, el mundo de la música popular argentina y latinoamericana perdió a uno de sus traductores más brillantes. Luis Alejandro "Lucho" González Cárpena partió a los 79 años, dejando tras de sí un legado que es, en esencia, un puente indestructible entre la sofisticación de la armonía y la raíz más profunda de nuestra tierra.

Nacido en Lima en 1946 pero radicado en Buenos Aires desde su primera infancia, Lucho fue el hijo de la mixtura. Creció entre los valses peruanos que tocaba su padre y la efervescencia de la música argentina, logrando una síntesis que pocos músicos han alcanzado: sonar universal sin perder el aroma del barrio y el pago.

 

 

 

Vitale, Baraj y González, un trío para la posteridad.
Vitale, Baraj y González, un trío para la posteridad.

 

 

 

El socio de los grandes

Su currículum es, en realidad, el mapa de la mejor música de las últimas cinco décadas. Fue el guitarrista y arreglador que le dio un color nuevo a la voz de Mercedes Sosa; fue quien inventó los riffs inolvidables para Fito Páez en temas como "Detrás del muro de los lamentos" y quien integró formaciones que rompieron moldes, como el trío Vitale-Baraj-González.

"Lucho fue uno de los amores de mi vida", escribió un conmovido Fito Páez en sus redes. "Un artista apasionado y maestro del bien dotado con el don de la música. Fue un faro de luz dentro de la música peruana y argentina". Por su parte, Lito Vitale lo recordó con una gratitud inmensa: "Gracias por todo lo que nos enseñaste y por tu música, que seguirá viva por siempre".

 

 

 

UNO DE SUS GRANDES DISCOS JUNTO A LITO VITALE Y MONO IZARRUALDE:

 

Un docente de alma: La "siembra musical"

Pero Lucho no solo brilló bajo los focos de los grandes teatros. Su vocación docente lo trajo muchas veces al interior del país, incluyendo su labor en la Universidad Nacional de Villa María y sus capacitaciones para el INAMU. A través de su sistema de enseñanza bautizado como "siembra musical", Lucho no solo enseñaba escalas o acordes; enseñaba a escuchar el alma de la canción.

Su generosidad técnica era tan grande como su humildad. Capaz de rearmonizar cualquier melodía con una elegancia que parecía sencilla, dejó grabados discos fundamentales como "Esta parte del camino" y "Chabuca de cámara", este último un homenaje a su madrina artística, la inmensa Chabuca Granda.

El duelo en las cuerdas

Desde Pedro Aznar, quien lo recordó compartiendo el clásico "María Landó" junto a "La Negra", hasta Alejandro Lerner, quien destacó su "ángel" y talento, la comunidad artística coincide en algo: con Lucho se va una forma de entender la guitarra. Una forma que privilegiaba la emoción sobre el virtuosismo vacío.

En Santiago del Estero, donde la guitarra es parte del aire que respiramos, despedimos a Lucho González con el respeto que se le debe a un patriarca. Su música, esa que supo unir los arrabales del mundo con las esferas celestes, seguirá sonando cada vez que alguien, en cualquier rincón de Latinoamérica, intente acariciar una cuerda para decir una verdad.

Seguí a Nuevo Diario Web en google news
Comentarios

Te puede interesar

Teclas de acceso