Lo que en principio parecía una participación más dentro del circuito internacional de formatos televisivos terminó convirtiéndose en un verdadero sacudón mediático y financiero. Juliana "Furia" Scaglione y Coty Romero, dos de las jugadoras más explosivas de la historia reciente de Gran Hermano en Argentina, cruzaron el océano para sumarse a la versión española de "La cárcel de los gemelos". Su presencia no pasó desapercibida, y sus cuentas bancarias tampoco.
Según reveló la revista Paparazzi, el acuerdo económico que cerraron las mediáticas argentinas está a años luz del mercado local. Por tan solo 14 días de encierro y grabación en el continente europeo, cada una cobró la imponente suma de 15.000 euros.
Traducido al cambio actual, esta exorbitante cifra supera cómodamente los 24 millones de pesos argentinos, un número que encendió un fuerte debate en las redes sobre los valores que maneja la industria del entretenimiento en el exterior.
Una diferencia abismal con Argentina
El contraste de los números es letal. En la última edición del reality show argentino, un participante promedio percibía alrededor de 137 mil pesos por semana. Para que un "hermanito" local logre igualar el monto que Furia y Coty ganaron en apenas dos semanas en España, necesitaría permanecer encerrado cobrando ese sueldo durante más de tres años ininterrumpidos.
El "efecto rating" y un final adelantado
El millonario desembolso de la producción española tuvo su justificación en los números de audiencia. La llegada de Scaglione, conocida por su perfil confrontativo, y de Romero (quien incluso fue expulsada por agredir a una compañera), generó un pico de rating histórico que alcanzó los 1,7 millones de espectadores en las plataformas digitales, posicionando al ciclo a la par de la televisión tradicional.
El fenómeno fue tan contundente que, tras la conflictiva salida de ambas figuras argentinas, la producción tomó una drástica decisión: dio por finalizada la edición del reality mucho antes de lo previsto. La brutal caída de interés y audiencia que sufrió el programa una vez que las mediáticas abandonaron la casa obligó a los directivos a bajarle la persiana al ciclo en su punto más alto.