La figura mediática Zulma Lobato volvió a quedar en el centro de la escena, esta vez lejos de los estudios de televisión y en medio de una situación que generó conmoción. La influencer Jazmín La Cuerpo visitó su vivienda en Munro y expuso en redes sociales el estado de extrema precariedad en el que, según mostró, residía la artista.
Las imágenes difundidas exhibieron basura acumulada, presencia de insectos y excremento de perro dentro del domicilio. La publicación se viralizó en pocas horas y provocó una ola de reacciones. “Tuvimos que ir con @lapepona_oficialok a limpiarle la casa a Zulma porque vivía en la miseria”, relató La Cuerpo, quien además explicó que el manager de Lobato se encuentra en Mar del Plata, lo que habría dificultado un seguimiento cercano de su situación cotidiana.
A raíz de la repercusión, la influencer aseguró que logró reunir aproximadamente $1.500.000 a través de donaciones de sus seguidores. Con ese dinero, detalló, se adquirieron una heladera, una cocina, productos de limpieza y alimentos para mejorar las condiciones de vida de la mediática.
El episodio reavivó el debate sobre los límites éticos de la exposición en redes sociales, especialmente cuando se trata de mostrar realidades dolorosas. ¿La viralización contribuye a generar soluciones concretas o expone innecesariamente a quienes atraviesan momentos críticos? La discusión sigue abierta y vuelve a interpelar el rol de influencers y creadores de contenido frente a situaciones sensibles.