La productora argentina Violeta Kreimer se consagró en los Premios Oscar 2026 al ganar la estatuilla a Mejor cortometraje de ficción por el film francés Two People Exchanging Saliva (en español, Dos personas intercambiando saliva), dirigido por Alexandre Singh y Natalie Musteata.
La categoría tuvo una particularidad poco frecuente en la historia de la ceremonia: hubo un empate, por lo que el premio también fue otorgado al cortometraje The Singers (Los cantantes), dirigido por Sam Davis.
La producción en la que participó Kreimer presenta una historia ambientada en una París distópica, donde besar a otra persona es considerado un delito castigado con la muerte. A partir de esa premisa, el corto desarrolla una sátira surrealista en la que la violencia física funciona como una especie de moneda de cambio social, un enfoque provocador que le dio un tono distintivo dentro de la categoría.
Kreimer nació en Vicente López y se instaló en París a los 20 años. Realizó sus estudios en el Liceo Francés y luego cursó la carrera de Ciencias Políticas, que terminó en Francia. Con el tiempo se volcó al mundo audiovisual y comenzó a desarrollar su carrera como productora.
El cortometraje premiado ya había tenido un amplio recorrido internacional antes de llegar a los Oscar: participó en unos 70 festivales y obtuvo alrededor de 20 premios, consolidando su reconocimiento dentro del circuito cinematográfico.
Antes de dedicarse por completo al cine, Kreimer trabajó durante once años en el ámbito del arte contemporáneo. Primero se desempeñó en el sector fotográfico y posteriormente dirigió el taller del artista Xavier Veilhan, quien representó a Francia en la Bienal de Venecia 2017.
Tras esa etapa, decidió dar un paso hacia el cine y fundó la productora Misia Films junto a la italiana Valentina Merli, proyecto que comenzó a tomar forma justo al inicio de la pandemia de covid-19.
Cómo nació el proyecto premiado
La propia Kreimer contó que la idea inicial surgió a partir de una serie que buscaba filmar dentro de galerías de arte cerradas durante la pandemia. Cuando las restricciones terminaron, el equipo decidió continuar con el proyecto y empezó a rodar escenas nocturnas.
En ese proceso se sumaron el artista Alexandre Singh y la curadora Natalie Musteata, quienes buscaban desde hacía tiempo la posibilidad de trabajar juntos. El acceso a espacios emblemáticos de París, como las Galerías Lafayette, permitió desarrollar la idea que finalmente se transformó en el cortometraje que terminó conquistando el premio de la Academia.