Para Jorge Canllo, la partida de Luis Brandoni no es solo la pérdida de un ícono nacional; es la despedida de un maestro que, junto a figuras como China Zorrilla y Alberto Migré, formó los cimientos de su identidad actoral en los años 90.
El pibe que llegó con un sueño
La historia de Canllo es la de tantos jóvenes santiagueños que partieron con una valija llena de sueños. “En 1995 llegué a Buenos Aires para estudiar. Tuve la fortuna de que nos dieran clases especiales la gran China Zorrilla y Luis Brandoni. Ahí conocí su nobleza, su sabiduría y su compromiso con el arte”, recuerda conmovido.
Para Jorge, Brandoni no solo fue un profesor, sino el motor de una vocación. “Vi ‘Locos de contentos’ en VHS en Santiago. Esa actuación me movilizó tanto que decidí que tenía que hacer esa obra. Logré los derechos de autor y la estrené en Mar del Plata en el 98. Años después, me tocó interpretar el mismo personaje —Román— que había hecho Luis. Fue una emoción tremenda”. Ese es el peso de una herencia artística: cuando el alumno termina dándole vida a los mismos personajes que lo enamoraron de la profesión.
Un “monstruo” en tiempos difíciles
Canllo reflexiona sobre la importancia de Brandoni en una época donde la ficción televisiva escasea y las grandes figuras se refugian en el teatro. “Él es de los pocos grandes que quedaban activos. Nos ha hecho viajar con sus personajes y, en su último trabajo en ‘Parque Lezama’, volvió a dejar esa impronta única. Él te hacía estar cerca de lo que caracterizaba; tenía ese don”.
Para Jorge, el dolor por la pérdida es también una alerta sobre cómo la industria ha ido “disipando” a sus grandes figuras. “Al morir la ficción en la tele, la gente perdió la costumbre de ver a las figuras en el escenario. Antes ponías un cartel y la gente iba. Hoy hay que salir a buscarlos, hay que reinventarse”.
La filosofía del “laborante independiente”
Lejos de la pasividad, Canllo lanza un mensaje de autogestión y lucha, ese que ha caracterizado su propio camino desde Suncho Corral al mundo. “Yo soy un laborante 100% independiente. Me costó horrores lo que logré, pero defiendo esa postura. Si bien el Estado tiene la obligación de contribuir, nosotros como artistas tenemos que movernos, generar y no quedarnos esperando que venga todo de arriba”.
Con la misma pasión con la que defiende la independencia cultural, Canllo envía un mensaje a su Santiago querido: “El mundo no termina en nuestros ojos. Hay mucho arte por explotar, muchos artistas santiagueños con talento. Fuerza a todos, a seguir produciendo y a seguir adelante, que la vida continúa”.
Jorge, quien recientemente recibió el premio Faro de Oro a la trayectoria en Mar del Plata, cierra este homenaje con la satisfacción del deber cumplido y la mirada puesta en nuevos proyectos, siempre con la memoria de sus maestros intacta y el orgullo de haber hecho camino al andar.