Hay travesías que se gestan en la quietud de los patios y terminan reverberando en los escenarios más exigentes del continente. Para la delegación arcana, el viaje hacia la ceremonia tuvo un condimento cinematográfico. Al salir a las calles, con la imponente silueta del Obelisco recortándose de fondo como un guardián de la mística tanguera que pareció inclinarse para saludar el paso de los santiagueños, la atmósfera se volvió puramente arrabalera. Vestidos con su indumentaria característica —esos atuendos performáticos llenos de simbología y texturas que definen su aura estética en cada show—, los músicos acapararon todas las miradas de la alfombra roja, obligando a los presentes a voltear para descubrir de dónde provenía semejante magnetismo visual y sonoro.
El orgullo de compartir la vanguardia musical
La expectativa de la “barra arcana” —esa fiel y fervorosa comunidad de seguidores que late al compás del grupo en cada rincón de Santiago— se mantuvo en vilo durante toda la premiación. Si bien la terna al Mejor Álbum de Música Global fue compartida con creadoras de un inmenso peso en la escena contemporánea como la bajista Brenda Martin y la jefa del trap Cazzu, siendo esta última quien finalmente se alzó con la estatuilla del zorzal criollo, los músicos santiagueños vivieron la nominación con el espíritu festivo de los verdaderos triunfadores.
“Para nosotros fue un verdadero honor estar nominados con tremendas artistas de la escena nacional”, comentaron los changos con la humildad y la alegría genuina que los caracteriza, lejos de cualquier lógica de competencia. En sintonía con este sentir, Ale Carabajal, la emblemática y potente voz del grupo, expresó con notable emoción: “Estamos inmensamente contentos por todo lo vivido en Buenos Aires. Fue una experiencia única en nuestras vidas y nos sentimos profundamente agradecidos por el reconocimiento a nuestro trabajo”.
Por su parte, Mariano “Cone” Sarquiz, el talentoso contrabajista, director e impulsor fundamental de este viaje conceptual y místico, sintetizó el significado profundo de pisar el Teatro Coliseo en una noche tan significativa: “Nos sentimos completamente triunfantes de haber estado aquí, trayendo nuestra propuesta a este nivel de exposición”.
“Huaucke Habibi”: El crisol continental de la guaracha
La nominación de “Huaucke Habibi” como uno de los mejores discos globales del año no es una casualidad de la industria, sino la consecuencia directa de una madurez artística que desafía los cánones de los géneros tradicionales. ¿Por qué este material representa de manera tan perfecta el concepto de música global? La respuesta habita en sus composiciones, donde el pulso contagioso y popular de la guaracha santiagueña se entrelaza de forma orgánica y casi mágica con las escalas, ornamentaciones y sones de la música sirio-libanesa.
Se trata de un hermanamiento cultural que brota de la propia historia migratoria de nuestra provincia. Como bien lo define la banda en su declaración de principios titulada “Crisol continental”, Los Arcanos se autoperciben y suenan como “mediterráneos aquí, americanos allá”, construyendo un puente estético indestructible que une el desierto de Medio Oriente con el calor ardiente de nuestro suelo santiagueño mediante una orquestación sofisticada y de altísimo nivel técnico.
Una cofradía de afectos en la gran urbe
Más allá de las estatuillas y los protocolos, la velada le permitió a la delegación arcana reencontrarse y fundirse en abrazos con viejos compañeros de ruta y grandes referentes de la música popular actual. En los pasillos del teatro compartieron anécdotas con Ivonne Guzmán, la deslumbrante vocalista de La Delio Valdés, agrupación con la que ya habían compartido un memorable escenario en Santiago del Estero.
También hubo tiempo para la complicidad y el intercambio creativo con figuras de la talla de Emmanuel Horvilleur, el carismático Joaquín Levinton, Brenda Martin y Gabriel Pedernera (la potente base rítmica de Eruca Sativa), la frescura de Bándalos Chinos y la dulzura folclórica de Maggie Cullen. El momento de mayor orgullo y cercanía llegó al cruzarse con Los Nocheros —quienes se llevaron el premio a la Trayectoria— y con su coterráneo Santiago Alvarado, el genial músico santiagueño que resultó multipremiado esa misma noche por su descollante labor de producción en el aclamado disco de Milo J, “La Vida Era Más Corta”.
Este paso consagratorio de Los Arcanos del Desierto por los Premios Gardel no representa un punto de llegada, sino el impulso definitivo para un proyecto que sostiene un vuelo rasante hacia nuevos horizontes. Los Arcanos demostraron que la música santiagueña puede vestirse de etiqueta, caminar por el asfalto de Buenos Aires con actitud arrabalera y sonar con más ímpetu, fuerza y vigencia que nunca, llevando el calor de nuestra guaracha a los oídos del mundo entero.