Hay voces que tienen el poder de detener el tiempo, y la de Nora Levy es una de ellas. Criada en un hogar donde el abuelo y el papá marcaban el ritmo de los días, Nora entendió desde muy pequeña que el canto era su forma de respirar. Aquella niña que formó parte del coro escolar durante toda la primaria hoy se consolida como una artista integral que sabe navegar con la misma solvencia por el melódico, la cumbia, el cuarteto y nuestra amada guaracha.
El refugio de la familia y el regreso esperado
A los 17 años comenzó su camino profesional en reuniones íntimas, pero la vida le propuso una pausa necesaria. Al casarse y dedicarse a la crianza de sus hijos, Nora nunca soltó la melodía: “Seguía ensayando en mi propio espacio, con libertad y tranquilidad”, recuerda.
Ese amor por el arte fue el mejor legado para sus hijos, quienes hoy también son músicos: el mayor en el freestyle y el segundo como tecladista. Con la satisfacción del deber cumplido como madre, hace doce años Nora decidió darle prioridad absoluta a su vocación, perfeccionando su técnica y proyectando su voz hacia eventos masivos como el cumpleaños de la ciudad.
El sueño máximo: Un escenario junto a su padre
A pesar de haber recorrido escenarios destacados, Nora mantiene intacta la humildad de los grandes. Su presente la encuentra trabajando codo a codo con Carlos “Cachito” Corpos en la difusión y Pablo Díaz en la técnica, pero su anhelo más profundo sigue siendo el mismo que sentía en la galería de su casa: “Mi sueño es cantar y compartir la vida con mi mayor referente, mi papá. Lo admiré, lo admiro y lo voy a admirar siempre”.
Un mensaje de unión para el ambiente artístico
Más allá de las luces, Nora Levy aboga por un ambiente musical donde la competencia ceda su lugar a la empatía. “Deseo que el trabajo de los músicos sea valorado, porque detrás de cada artista hay esfuerzo y grandes sacrificios”, señala con firmeza. Para ella, cada colega tiene una magia única e irrepetible, y su mayor deseo es que el respeto y el amor sean la moneda corriente entre los trabajadores del arte.
Con un repertorio variado que conecta con la emoción del recuerdo y la alegría del baile, Nora agradece profundamente al público santiagueño por el cariño recibido. “Quiero llegar tan lejos como Dios me lo permita”, concluye, con la mirada puesta en nuevas grabaciones y la tranquilidad de quien sabe que su voz, más que un oficio, es un puente de amor hacia los demás.