Hay vidas que nacen predestinadas a sonar con el pulso de su tierra. Para Peteco Carabajal, la música nunca fue una opción, sino el aire mismo que se respiraba en su casa familiar del barrio de Los Lagos. Allí, bajo la sombra de los algarrobos y en aquellas míticas guitarreadas de domingo sobre el patio de tierra batida, se moldeó su sensibilidad al calor de las enseñanzas de su padre Carlos y de su tío Agustín. De ese semillero inagotable surgió el artista que, con el tiempo, borraría las fronteras geográficas para llevar la chacarera a los altares más exigentes de la música del mundo.
De Los Lagos al cancionero eterno de la música popular
Hablar de Peteco a los 70 años es repasar un catálogo de melodías inoxidables que ya forman parte del patrimonio genético de los argentinos. Obras cumbres de su autoría como “Como pájaros en el aire” o esa impecable y brillante composición titulada “Estrella Azul” han volado por el repertorio de cientos de intérpretes de diversos géneros, consolidándolo como uno de los creadores más fecundos y determinantes del folclore nacional.
Su obra, profunda y enraizada en las tradiciones, pero siempre abierta a nuevas búsquedas armónicas, refleja la identidad argentina a través de letras auténticas. Su legado, lejos de estancarse, sigue siendo la principal fuente de inspiración para las nuevas generaciones de cantores.
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El brindis de los poetas y semblanza de un hermano de camino
Además, remarcó a la redacción del Nuevo Diario: "Anoche estuve en el Patio de Peteco. Celebramos su cumpleaños número 70. La noche se pobló inesperadamente de amigos de todas partes del país. Músicos, guitarreros, poetas aparecieron de pronto con sus instrumentos a darle un abrazo al amigo, al músico, al gran Peteco", remarcó.