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Los rostros del miedo: un recorrido de un siglo por las películas más destacadas en el terror que hicieron historia

Por WEC (Ilustrador digital y periodista) - Del expresionismo alemán, el surrealismo, pasando por el terror psicológico, los subgéneros como slasher, gore, body horror, paranormal, al horror urbano y folclórico

Recuerdo que una noche estábamos mirando la película "El Exorcista" (1973, William Friedkin) con unos amigos del barrio, habremos tenido entre 12 y 13 años aproximadamente. Aunque nos costó mirarla, por el miedo mismo, seguimos adelante. Al finalizar la película, el reto era volver cada uno a nuestras casas. Esos pocos metros desde la casa de mi amigo hasta mi casa se convirtieron en los más largos. Esa sensación de terror mismo y quedar sumido en esa sugestión sobrenatural me llevó a preguntarme años después: ¿por qué atrae tanto el cine de terror? Y en esa misma línea, ¿qué genera verdaderamente miedo en una película?

El cine de terror, más allá de los clichés y los sustos fáciles, es un espejo que refleja las ansiedades, los miedos colectivos y las preocupaciones más oscuras de cada época. A lo largo de la historia, algunas películas han trascendido el mero entretenimiento para convertirse en auténticos hitos culturales, redefiniendo el género y dejando una huella indeleble en la memoria del público. La lista que nos ocupa –desde el cine mudo hasta el presente– es un viaje fascinante por esas obras maestras que exploraron el miedo desde diferentes perspectivas.

 

Del expresionismo al surrealismo

El cine mudo sentó las bases de lo que hoy conocemos como terror. Nosferatu (1922), de F. W. Murnau, no solo reinventó la figura del vampiro, sino que también estableció un precedente en el uso de la atmósfera y las sombras para generar una sensación de angustia opresiva. Su influencia fue tal que incluso introdujo la idea, ahora canónica, de que la luz solar puede matar a estas criaturas.

En la misma línea, M: El vampiro de Düsseldorf (1931), de Fritz Lang, rompió esquemas al explorar el terror desde una perspectiva psicológica y social. La película narra la historia de un asesino de niños, convirtiéndose en una crítica mordaz a la sociedad alemana de la época y una de las primeras películas de crimen psicológico.

 

Del monstruo a la paranoia

La figura del monstruo clásico tomó una nueva forma con Frankenstein (1931), que, aunque no se limita a la versión de 1931 (que marcó el estilo gótico), ha tenido múltiples representaciones que han explorado la creación, la ciencia desmedida y la monstruosidad.

Más adelante, la paranoia de la Guerra Fría encontró su máxima expresión en La invasión de los usurpadores de cuerpos (1956), un clásico de la ciencia ficción de terror. La película, con su premisa de seres extraterrestres que reemplazan a los humanos, se convirtió en una metáfora del miedo al comunismo y a la pérdida de la individualidad en una sociedad cada vez más homogénea.

 

Del terror psicológico al urbano

En la década de 1960, el terror se volvió más sutil y psicológico. El bebé de Rosemary (1968), de Roman Polanski, es un ejemplo magistral de cómo la atmósfera y la sugestión pueden ser más aterradoras que cualquier monstruo visible. A través de la perspectiva de su protagonista, el filme explora la fragilidad de la psique y el miedo a lo desconocido, que se esconde detrás de la aparente normalidad.

Polanski volvió a explorar el horror urbano en El inquilino (1976), donde la paranoia y el aislamiento de un hombre en un edificio de vecinos se transforman en una pesadilla claustrofóbica. La película profundiza en la degradación mental y la identidad personal, temas que resonaron profundamente en su época.

 

Del terror corporal al social

La cosa (1982), de John Carpenter, es un referente del horror corporal y la desconfianza. La trama, sobre una criatura extraterrestre que asimila a sus víctimas en una estación de la Antártida, utiliza el aislamiento para generar una tensión insoportable, cuestionando la naturaleza de la humanidad misma.

Carpenter también nos regaló una obra maestra del terror con crítica social: Están vivos o Sobreviven (1988). Con sus icónicas gafas que revelan la verdadera forma de los alienígenas que controlan el mundo, la película se erige como una mordaz crítica al consumismo y la manipulación mediática, temas que siguen vigentes hoy en día.

 

El renacimiento contemporáneo

El cine español también ha aportado su granito de arena al género. El día de la bestia (1995), de Álex de la Iglesia, es un hito del terror satírico y gamberro. Con su visión apocalíptica y humor negro, la película ofreció una perspectiva única del fin del mundo y se convirtió en un clásico de culto.

En el terror contemporáneo, El Conjuro (2013) marcó un antes y un después en el subgénero de las casas encantadas. Basada en los casos de los Warren, la película revitalizó el terror sobrenatural con una fórmula de sustos efectivos y una atmósfera escalofriante. Su éxito dio lugar a un universo cinematográfico que ha mantenido viva la llama del terror durante la última década.

Más recientemente, el cine de terror latinoamericano ha demostrado su potencial con propuestas innovadoras. Cuando acecha la maldad (2023), del argentino Demián Rugna, es un claro ejemplo. La película, que aborda la posesión de una manera original y visceral, se ha convertido en un fenómeno global, demostrando que el terror puede surgir de las entrañas mismas de las tradiciones y el folclore local.

 

Más allá del miedo

Cada una de estas películas representa un momento en la evolución del género, mostrando que el terror no solo se trata de asustar. Es una herramienta poderosa para explorar las complejidades de la sociedad, la psique humana y los miedos que nos definen.

Volviendo a las preguntas iniciales, lo atractivo del cine de terror tiene que ver con eso, justamente. Y en lo que respecta a lo que genera miedo en las personas, tiene que ver justamente con esa fascinante sensación de estar en peligro o, como decíamos en el artículo anterior, la fascinante sensación de asomarse al abismo.

Desde el expresionismo visual de Murnau hasta la visceralidad de Rugna, estas obras maestras nos recuerdan que, en el oscuro y vasto universo del cine, el miedo es un territorio fascinante y en constante reinvención. Porque se basa, quizás, en la fascinante sensación de estar en peligro y luego darse cuenta de que estás a salvo, y en un modo "loop" permanente, para saciarnos la necesidad de ver esas historias que nos transportan a esos momentos. Eso reside en el inconsciente colectivo de que el peligro atrae, porque es algo cultural y psicológico ¿Acaso de niño no hacíamos las travesuras que los adultos nos decían que no hagamos porque era "peligroso"? Es propio del ser humano ser atraído por eso que nos pone en riesgo y luego luchar por salir "ilesos".

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