Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido
Opinión Opinión

El cine se enfrenta al dilema sobre las narrativas múltiples, el interés de la audiencia y las interminables franquicias

Por WEC (ilustrador digital y periodista) - Una nueva producción del universo de Star Wars reabre el debate sobre la sobreexplotación de las franquicias, que va desde la adicción al "blockbuster" y la emisión compulsiva de spin-offs

¿Todavía funcionan las franquicias? Bueno, ya sé, es una pregunta que tiene una respuesta en sí misma: Si no funcionaran, no habría tal franquicia, pues el éxito de las mismas es que apuntan a lo masivo y diverso. Cuanto más se vende, mejor. Como las hamburguesas, sin decir marcas, obvio. O como las golosinas, cuanta más azúcar y más colores llamativos, más se consume. Y más se engorda también. Pero yendo al tema que me interesa, es: ¿cuánto hay de original o de atractivo en estas superproducciones que estiran y estiran historias o narrativas de universos que ya conocemos? Bueno, pareciera que este tipo de propuestas de la industria cinematográfica moldea consumidores que solo quieren eso. Entonces, los que quieren otro tipo de cine, deberían ir a buscar a otro mercado, otras salas, otras plataformas. Volviendo a la analogía alimentaria, se han formado comensales que prefieren la comida rápida y no un buen guiso o estofado, algo bien hecho y que resguarda originalidad y mucha historia. Prefieren lo que está serializado, empaquetado y que no exige mucho.

Ese tipo de producciones se sigue exhibiendo. Entonces, no es que la industria o el séptimo arte hayan agotado sus ideas, sino que el público es diverso. Están los que prefieren comer todos los días milanesas, y están los que quieren seguir una dieta más variada todos los días. Ahí están los nutrientes. Cada quien con su gusto y el fin que quiera darle.

 

El imperio del canon infinito

La galaxia muy, muy lejana concebida por George Lucas en 1977 dejó de ser hace mucho tiempo una simple trilogía cinematográfica de ciencia ficción para convertirse en el arquetipo definitivo de la franquicia moderna. Lo que nació como una fábula clásica sobre el viaje del héroe, con sables de luz y dilemas morales, mutó bajo el ala corporativa en un macrocosmos hiperconectado donde conviven precuelas, secuelas, series de televisión en streaming, novelas, videojuegos y cómics. El relato original de los Skywalker devino en una geografía comercial inabarcable que exige al espectador una suerte de "militancia de archivo" para no perderse en los detalles del canon oficial.

Este entramado expansivo ha moldeado la forma en que consumimos ficción a nivel global. El universo de Star Wars funciona hoy como una inmensa maquinaria mitológica que se retroalimenta de manera constante; cada rincón del mapa galáctico, por más insignificante que haya sido en las películas originales, es susceptible de recibir su propia serie de ocho episodios o su largometraje en la gran pantalla. La narrativa ya no busca tener un cierre definitivo, sino mantener encendida una línea de ensamblaje que garantice la atención perpetua de los consumidores, transformando el arte de contar historias en una constante gestión de activos intelectuales.

Leer también:

 

La nostalgia empaquetada

El inminente estreno en cines de la película The Mandalorian & Grogu, dirigida por Jon Favreau, expone con total claridad la lógica que domina al Hollywood contemporáneo. Nacidos originalmente como el producto insignia para consolidar una plataforma de streaming, el cazarrecompensas Din Djarin y su pequeño compañero de orejas verdes dan el salto hacia las salas comerciales en un movimiento inverso al de los últimos años. Este fenómeno en la industria de la cultura de masas no es casual ni puramente artístico: responde a una estrategia financiera de minimización del riesgo donde los denominados blockbusters se apoyan exclusivamente en marcas preexistentes y rostros ya hiperconocidos por el público.

El éxito sostenido de estas narrativas radica en su capacidad para operar como refugios emocionales y nostálgicos. Las audiencias globales, abrumadas por un entorno real hipercomplejo, encuentran en el retorno periódico de estos personajes una zona de confort predecible y segura. Las corporaciones del entretenimiento han descifrado que la familiaridad vende mucho más que la sorpresa; por lo tanto, estructuran sus millonarias inversiones alrededor de fórmulas probadas que garantizan una base de fanáticos dispuestos a consumir el mismo universo bajo diferentes formatos, manteniendo viva una maquinaria que sustituye la audacia creativa por la eficiencia estadística.

 

¿Tiene límites la galaxia?

Frente a este panorama, surge un interrogante inevitable que sobrevuela no solo a la saga espacial, sino a todo el entramado de la cultura pop actual: ¿hasta dónde se puede expandir una narrativa antes de que colapse por su propio peso? El fenómeno de la emisión "sin fin" o excesiva de spin-offs y precuelas genera una saturación que atenta contra la propia mística de las historias. Cuando cada misterio del pasado de un personaje es explicado en una miniserie secundaria y cada conflicto se estira para habilitar una próxima temporada, la sensación de peligro real desaparece y el peso dramático de los acontecimientos se diluye por completo.

Star Wars no está sola en este laberinto de subtramas infinitas. El Universo Cinematográfico de Marvel, las infinitas ramificaciones de The Walking Dead o las precuelas medievales de Game of Thrones demuestran que la industria prefiere exprimir hasta la última gota de una propiedad intelectual antes que fundar cimientos nuevos. El peligro de este modelo de expansión ilimitada es la alienación del espectador casual, quien se siente expulsado ante la necesidad de haber visto decenas de horas de contenido previo en una plataforma digital para poder comprender un estreno de dos horas en una sala de cine tradicional.

 

El desierto de las ideas repetidas

Esta dinámica nos arrastra hacia una reflexión mucho más profunda y alarmante sobre el estado del arte cinematográfico: ¿se están agotando las ideas en la industria del cine o es que el sistema actual bloquea la aparición de historias nuevas y únicas? La respuesta parece hallarse en los despachos de los grandes estudios antes que en las mentes de los guionistas. Hollywood no carece de mentes brillantes ni de guiones originales capaces de atrapar al público; lo que escasea es la voluntad ejecutiva de financiar proyectos de mediano o alto presupuesto que no cuenten con el respaldo de un juguete, un cómic o una película previa que actúe como red de seguridad financiera.

Al priorizar el concepto de "franquicia" sobre el de "obra", la industria ha generado un ecosistema donde las películas independientes o de autor quedan relegadas a los márgenes de los festivales o a estrenos casi invisibles en el streaming. El público, educado en el consumo de contenidos diseñados por algoritmos para generar gratificación instantánea, empieza a perder el hábito de enfrentarse a narrativas que exijan procesar códigos desconocidos. Si el cine industrial se transforma definitivamente en un parque de diversiones temático donde solo cambian los decorados, pero las atracciones son siempre las mismas, corremos el riesgo de olvidar la capacidad primordial del séptimo arte: la de sorprendernos y descubrirnos mundos que ni siquiera sabíamos que existían.

Entonces, las milanesas van a seguir existiendo, pero nosotros como comensales somos responsables en comer todos los días ese plato o ir variando nuestra alimentación -en alusión a la analogía alimentaria con la que iniciamos el artículo) Lo que se produce en gran cantidad es porque se ha estudiado el mercado, y se ha notado que más gente prefiere hoy esas historias. Los tesoros o producciones originales en su historia, son como diamantes perdidos en el océano de aguas negras. De vez en cuando, y con ojo entrenado, podremos encontrarlas.

Por WEC

Te puede interesar:

La legendaria terraza de los Beatles se convertirá en un museo homenaje con material inédito

Cine Opinión Star Wars
Seguí a Nuevo Diario Web en google news
Comentarios

Te puede interesar

Teclas de acceso