La denominada Generación Beta comenzará a nacer a partir de 2026 y se extenderá hasta 2039, tomando la posta de la Generación Alpha. El concepto fue definido por el demógrafo australiano Mark McCrindle, quien anticipa que este nuevo grupo etario tendrá un impacto decisivo en las transformaciones sociales, económicas y culturales del futuro cercano y de largo plazo.
De acuerdo con las proyecciones, para el año 2035 los Beta representarán aproximadamente el 16% de la población mundial y cerca de una quinta parte de la fuerza laboral global. Este peso demográfico los posicionará como actores centrales en un mundo atravesado por profundos cambios tecnológicos, productivos y ambientales.
A diferencia de generaciones anteriores, los Beta crecerán en un contexto donde la inteligencia artificial, la automatización y los entornos digitales avanzados no serán una novedad, sino parte estructural de la vida cotidiana. Al mismo tiempo, deberán enfrentar desafíos complejos como el cambio climático, la urbanización acelerada y la redefinición del trabajo humano frente a las máquinas.
Otro rasgo distintivo será su longevidad. Las estimaciones indican que muchos integrantes de esta generación podrían vivir hasta el siglo XXII, lo que les otorgará una perspectiva inédita para influir en procesos de transformación sostenidos a lo largo del tiempo.
Criados mayormente por padres millennials y miembros de la Generación Z, los Beta heredarán valores vinculados a la sostenibilidad, la diversidad, nuevas formas de organización familiar y una relación más consciente con la tecnología. En ese cruce entre innovación, conciencia ambiental y cambio social, la Generación Beta se perfila como una de las protagonistas del mundo que viene.