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Opinión Informe exclusivo

Cuando el Estado enseña, incluye

Iniciativas como Santiago Crece con Vos importan más de lo que parece.

Xavier María Ferrera Peña

Por Xavier María Ferrera Peña

En tiempos donde el empleo se vuelve más precario y la informalidad se naturaliza, una provincia que invierte en oficios y terminalidad educativa está haciendo algo más que “capacitar”: está sosteniendo una red de pertenencia y futuro.

Hay políticas públicas que no hacen ruido, no se viralizan y no entran en el ring del griterío. Pero cuando funcionan, se notan en lo más simple: un pibe que vuelve a estudiar, una chica que aprende un oficio, una familia que deja de sentir que todo es cuesta arriba. En Santiago del Estero, el programa Santiago Crece con Vos se mete de lleno en esa cancha: La de la inclusión social entendida como algo concreto, medible y cotidiano, no como un eslogan.

 

Una política con base en el territorio

La iniciativa apunta a jóvenes de 18 a 35 años, con un esquema de cursado previsto para iniciar en abril e inscripciones online este mes, y con un dato clave para la vida real: Un estímulo mensual pensado para cubrir gastos de traslado y materiales. No es un detalle menor porque en muchas casas, el curso no se abandona por falta de ganas, sino por falta de plata para el colectivo, herramientas o insumos.

La idea, además, no se queda en la Capital. Se arma con lógica territorial, articulando con municipios y con instituciones que ya tienen presencia y experiencia. Participan el Ministerio de Educación de la Provincia, el Consejo de Educación, el ITSE, y también universidades como la Universidad Nacional de Santiago del Estero y la UCSE. Esa alianza es importante porque rompe el falso dilema entre “academia” y “oficio”: Hoy un buen oficio necesita técnica, seguridad, actualización y certificación.

Y hay un segundo componente que, en términos de inclusión, vale oro. El programa también contempla la terminalidad del secundario en paralelo para quienes no lo completaron. Es decir, no se limita a entrenar “para ya”, sino que busca reparar una deuda estructural: sin secundario, el mercado te empuja —cuando hay empuje— hacia la changa eterna.

 

Formar no es “asistir”: es abrir puertas

En Argentina, el problema no es solo “conseguir trabajo”, sino conseguir trabajo con derechos. Y ahí aparece el elefante en la habitación, que es la informalidad. Un informe del IIEP (UBA–CONICET) marca que la tasa de informalidad fue 43,2% en el segundo trimestre de 2025 (último dato disponible citado allí): 4 de cada 10 trabajadores, afuera de la cobertura laboral y de seguridad social.

A la vez, el INDEC mostró que la desocupación del tercer trimestre de 2025 fue 6,6%, pero con un contexto donde crecen formas de empleo más frágiles y el peso de los cuentapropistas.

En ese mapa, un programa de oficios bien diseñado es una herramienta de movilidad social. No porque “resuelva todo”, sino porque reduce el salto entre el deseo y la posibilidad. Oficios tradicionales, áreas tecnológicas, habilidades blandas: La mezcla está bien pensada porque el mundo del trabajo ya no premia solo “saber hacer”, sino también sostener rutinas, trabajar en equipo, cumplir, comunicar, emprender.

 

El contraste con Nación: Cuando el ajuste se convierte en expulsión

El problema es que, mientras algunas provincias apuestan a ampliar capacidades, desde el nivel nacional predomina otra lógica: La del recorte como mensaje y la reducción del Estado como identidad. Eso puede presentarse como “orden”, “eficiencia” o “focalización”. Pero en la práctica muchas veces se traduce en algo más tosco. Familias que quedan a la intemperie y jóvenes que pasan de “proyecto” a “supervivencia”.

Un ejemplo sensible es el de los subsidios energéticos. En enero de este año se oficializó un esquema de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF) con registro, criterios de inclusión y también criterios de exclusión que pueden derivar en rechazos o bajas del beneficio, incluso más allá del ingreso declarado, a partir de indicadores patrimoniales. Dicho en criollo: Se refuerza la lógica del “quién merece” y se multiplican instancias donde la gente puede quedar afuera por criterios, cruces o trámites.

Además, el propio esquema prevé bonificaciones que se van reduciendo a lo largo del año, lo que impacta en el bolsillo de hogares que ya vienen ajustados.

Otro ejemplo: La licuación de becas y el deterioro de políticas de acompañamiento educativo. Un informe de CEPA sobre Progresar señala una caída presupuestaria real fuerte en 2024 respecto de 2023 y proyecta nuevas reducciones, además de mostrar el derrumbe del valor real de la beca en el período reciente.

Y si ampliamos el plano, también hay análisis que, citando a ASAP y CEPA, describen recortes importantes en programas sociales y gasto público social en el período 2023–2025.

¿Se puede discutir la eficiencia del Estado? Claro que sí. ¿Se puede mejorar la administración? Obvio. El punto es otro: cuando la discusión se vuelve binaria (“Estado malo / mercado bueno”), el resultado suele ser una sociedad más desigual donde el que tiene red cae parado y el que no, se rompe.

El Estado presente, junto a instituciones.
El Estado presente, junto a instituciones.

Lo que vale de verdad: El Estado como herramienta, no como enemigo

Por eso iniciativas como Santiago Crece con Vos importan más de lo que parece. No son solo cursos. Son una idea de provincia: Que el Estado puede ser una escalera y no un juez; un acompañamiento que pide esfuerzo, sí, pero que también pone condiciones para que el esfuerzo sea posible.

Y si queremos que esto sea política de Estado —y no una foto— hay dos claves que deberían blindarse desde ya:

  • Seguimiento real (quién termina, quién abandona y por qué).
  • Certificación con valor (que el mercado reconozca).
Porque la inclusión no es sentimentalismo: es estrategia. Es entender que formar a un joven cuesta menos que sostener a un adulto expulsado. Que enseñar un oficio cuesta menos que apagar incendios sociales. Que una beca de transporte y materiales puede ser la diferencia entre terminar o abandonar.

La discusión de fondo no es contable: es humana. Se puede discutir el tamaño del Estado, sus gastos, sus fallas, sus burocracias. Se debe, incluso. Pero cuando esa discusión se convierte en doctrina —cuando "recortar" se vuelve identidad—, el ajuste deja de ser una herramienta y pasa a ser una fábrica de expulsión. Porque la exclusión rara vez llega con un cartel que avise: Llega como un trámite que no sale, una beca que se licúa, un subsidio que se cae, un boleto que ya no alcanza, una familia que empieza a elegir qué pagar y qué postergar. Y ahí, en esa cadena silenciosa, el sistema no "ordena": empuja.

Por eso iniciativas como Santiago Crece con Vos valen más que un anuncio. Porque no te prometen magia: te ofrecen herramientas. Y en la vida real, una herramienta es un futuro posible. Un curso es una puerta menos cerrada. La terminalidad del secundario no es una formalidad: es el piso mínimo para no quedar condenado a la changa eterna, al rebusque sin red, al trabajo sin derechos. El estímulo para transporte y materiales no es un "regalo": es entender que la pobreza también te cobra peaje para estudiar.

Que una provincia sostenga estas políticas en un contexto de incertidumbre nacional es, además, un mensaje nítido: el desarrollo no se declama, se construye.

Con talleres, aulas, instructores, certificaciones, articulación con instituciones y presencia territorial. Con continuidad. Con seguimiento. Con la mirada puesta en el vecino del barrio y no solo en el libro de Excel de los despachos.

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