Todavía consternados por lo que Lionel Messi puede hacer en un Mundial, en el que en dos partidos metió 5 goles, le anularon uno y erró un penal, como para demostrar que es de carne y hueso; alguien se me acercó para hablarme de lo que hizo en esta cita ecuménica que nos tiene a todos “de la cabeza” y me hizo una afirmación muy argentina por cierto: “Está loco, lo que hace, y en su sexto Mundial, con 38 años”.
Un comentario que no quedó ahí, vino con un remate: “Sí claro, tan grande él y el Diego”, agregué.
Hasta ahí, una charla normal de dos argentinos en la oficina, en la mesa familiar, en un café, en un gimnasio, nada raro. Pero luego vino lo mejor o lo peor, depende cómo lo quiera uno analizar: “¿Tendremos más así, como ellos?”.
Y yo, un futbolero de pura cepa como miles de argentinos, me quedé inmóvil, quieto, sin poder esgrimir una respuesta ante tamaña pregunta, simple pero llena de incertidumbre.
Y ahí seguí cayendo al piso o a la tierra como desde el primer día de este Mundial. Todavía no se apagan los festejos de Qatar y las jugadas mágicas que hizo para llevarnos a ganar nuestra tercera estrella o su estrella, porque él la necesitaba y la soñaba más que nadie.
Todavía recuerdo cómo levantaba y cruzaba los brazos mirando al palco en el que estaba su familia en Lusail, el estadio de la final, como una clara señal de un “ya está”, “listo”, “basta”.
Pero es Messi, lleva el gen de un superdotado que lo hace único, por eso despierta esas ganas de abrazarlo y llevarlo en andas cada vez que a los argentinos nos devuelve en cada partido las ganas de creer, la sonrisa amplia, el grito de guerra bien futbolero.
Nadie hizo a nuestros hijos tan felices como Lionel, nadie nos hizo a nosotros tan felices como Diego. Y ahí viene una cuestión, la grieta que se cuela hasta en el fútbol, porque si hay algo que nos une a los argentinos es el aliento por los colores, pero al instante caemos en la trampa dialéctica: ¿Quién es mejor? ¿Messi o Maradona?
Y ahí entramos los sub 50 versus el resto del mundo.
Los Maradonianos empedernidos versus los messinianos –por llamarlos de alguna manera-. Y siempre la discusión, unos por un lado, los otros por otro lado.
Y aquí hago propias las palabras del periodista argentino Santiago Retamozzo de TyCSports, que de tanto ahondar en el Messi o Maradona dijo: “Messi, el mejor”, “Maradona, el más grande”. Tan contundente como eso. Las hago propias, con su permiso.
Entonces, yo que soy un maradoniando empedernido, me sentí más tranquilo y me decidí a disfrutar de este crack que nos está dando la posibilidad de creer en que una cuarta Copa del Mundo es posible: se llama Lionel Messi, hoy cumple 39 años, y tiene capítulos en su historia aún sin cerrar. “Pero que viva el fútbol”, dijera Rodolfo De Paoli, periodista y DT de fútbol.
Tengo el privilegio de ser argentino y futbolero, de haber visto a Maradona y a Messi, y de creerme con derecho a criticar, a glorificar, a marcar lo que está bien o mal, como si alguna vez hubiera al menos hecho, aunque sea en sueños, algo de lo que ellos hicieron por nosotros.
Ahora ya no soy más “maradoniano” -capaz que pueda alguna vez controlar eso-, soy tan del Diego como de Lionel. No más Messi o Maradona, los dos, siempre juntos y a la par.
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