Un sujeto de 32 años y oriundo de la ciudad de Tintina, departamento Moreno, que está acusado de haber violado y embarazado a la sobrina de su pareja —de 13 años— deberá esperar la sustanciación del juicio en su contra tras las rejas, a partir de la decisión adoptada por el juez de Control y Garantías José Fernando Viaña, de dictarle la prisión preventiva por el término de ley, es decir por dos años.
Tal medida había sido solicitada por el Dr. Diego Cortez Ledesma, representante del Ministerio Público Fiscal, y recayó en el peón rural Mario Alberto Páez, quien se domicilia en el barrio Luján de la mencionada localidad, quien tras ser denunciado por la madre de la menor se mantuvo en calidad de prófugo por más de un mes.
Algunos pormenores del caso
Según contó la víctima, un día iba a la escuela caminando y la llamó su “tío”, quien vive cerca de la casa de su familia. Ella se acercó y el individuo le tapó la boca, para luego hacerla ingresar a la casa, donde tras desvestirla la violó.
Tras cometer el vil acto, el sujeto amenazó a la menor para que no cuente nada a nadie, y así lo hizo la niña, hasta que a fines de mayo último el embarazo fue evidente y fue consultada por su madre, a la que en medio de llantos le contó lo que le había pasado, radicándose la denuncia de manera inmediata.
Peligro procesal de fuga
El Dr. Cortez Ledesma pidió que se rechace la excarcelación solicitada para Páez, advirtiendo respecto del latente peligro procesal de fuga, por la calificativa legal impuesta, la condena en expectativa, y sobre todo por el antecedente de profuguez que detentó el sujeto. La defensa se había opuesto al dictado de la prisión preventiva.
Se entregó “apretado” por el frío y el hambre
Las fuentes judiciales revelaron que tras la profuguez de Mario Alberto Páez, su familia llevaba a cabo verdaderos “operativos” logísticos, para que el sujeto pudiera volver desde el monte a su casa, para poder bañarse, alimentarse y cambiar sus prendas de vestir.
La conducta evasiva del individuo motivó diversos procedimientos llevados a cabo por distintas dependencias policiales, y hasta se dispuso la intervención de los teléfonos para poder ubicarlo y detenerlo, pero no fue posible.
Finalmente, después de un mes en la clandestinidad y agobiado por el frío y el hambre, el sujeto decidió entregarse a la Policía.