Eduardo Juárez estaba muy contento. En unos días, su hijo iba a cumplir tres años. Junto a Florencia Cancinos, su concubina, estaban realizando los preparativos para festejarlo.
“El Gringo” estaba muy feliz luego de que tuviera la noticia de que pronto sería padre nuevamente. Trabajaba mucho para que a su familia no le faltara nada.
Ayer, su vida y la de sus allegados dio un giro inesperado. Lo mataron de un disparo. Regresaba a su casa en el barrio Almirante Brown, luego de haber comprado tres envoltorios de marihuana en una “boca de expendio” del barrio La Isla, de La Banda.
Fue atacado a tiros por dos desconocidos, quienes pretendieron robarle sus pertenencias. Iba en moto con su cuñado, Damián Cancinos, quien fue rozado por la bala, que impactó finalmente en Juárez.
Tras el estampido del arma de fuego de fabricación casera que empuñaban los malvivientes, la reacción inmediata de Juárez fue: “Me han dado chango, me han dado”. Pero temiendo por su vida, el pintor continuó manejando su motocicleta.
Recorrió —malherido— más de doscientos metros hasta que por el fuerte dolor que sentía, detuvo la marcha del rodado. “Me duele mucho. No puedo respirar más”, le dijo “El Gringo” a su cuñado, quien también presentaba un raspón en el cuerpo por el roce de la misma bala.
Juárez se paró y comenzó a toser. Luego, se desplomó. “Decile a mi hijo que lo amo”, le dijo a su cuñado. Comenzó a perder sangre por la boca y el desenlace fue fatal.
Murió ahogado con su propia sangre, en el acto. Los paramédicos nada pudieron hacer para ayudarlo. Cancinos lloraba desconsolado a un lado del cuerpo de su familiar.
Su vida se había truncado en cuestión de minutos y el sueño de celebrar el nacimiento de su segundo hijo quedó truncado para “El Gringo”.
Florencia, apenas se enteró de la trágica noticia, corrió a buscarlo para comprobar que era su “amado” el desafortunado joven asesinado.
“Le decíamos que aquí era peligroso”
La trágica noticia de la muerte de Eduardo Juárez se expandió rápidamente y llegó hasta su familia. Su primo hermano Nahuel se dirigió hasta el trágico escenario. Nahuel estaba con Martín, un amigo de “El Gringo”. Pese a que tenía colocado el casco protector, sus lágrimas denotaban el dolor que sentía.
“No puede ser. Mataron a ‘El Gringo’. No te puedo creer lo que le hicieron”, dijeron angustiados los jóvenes del barrio Almirante Brown, luego de ver a su amigo muerto.
Conmocionados, indicaron: “Siempre le dijimos que no anden por aquí. Que era una zona muy peligrosa, porque sabíamos que se manejaban por la costanera. De noche no se puede ni andar”.
Por su parte, Florencia se dirigió hasta la morgue judicial, donde identificó el cuerpo de su pareja, que fue sometido a una autopsia por orden judicial.
“Esto no va a quedar así; va a haber lío”
Entre las muestras de dolor y desconsuelo de la familia y amigos de Eduardo Juárez, se escucharon declaraciones de dolor y de “sed de venganza”.
“Esto no va a quedar así; va a haber lío. Será un lío grande”, remarcó un compadre de Juárez mientras trataba de comunicarse con los familiares directos de la víctima fatal.
Mientras las lágrimas rodaban por las mejillas de los familiares de Juárez, dijo: “Estuvimos hablando hasta cerca del mediodía. No puede ser que esté sucediendo algo así. No puede ser que sea ‘El Gringo’ el que esté muerto ahí. Estamos seguros de que se hará justicia”.
La Policía inició las averiguaciones de rigor sobre el caso.