Héctor Rubén Montenegro, tenía 25 años. Con el esfuerzo de sus padres y propio, se recibió de oficial ayudante. “Era una persona tranquila, que no tenía problemas con nadie y muy solidario con quien lo necesitaba”, según sus familiares y amigos como una persona reservada y que tenía muchos proyectos de vida.
Se enamoró de Celeste Castillo (27 años), con quien se casó en secreto y vivía en el barrio Borges. En horas de la mañana del martes, tras una escena de celos que se realizaron mutuamente, el policía asesinó a su esposa de dos disparos en la cama y luego se suicidó.
Ayer, mientras la conmoción sacudía a los seres queridos del policía, Rubén Montenegro y su esposa, le dieron el último adiós.
“Es una tragedia que se podía evitar, pero eligieron la peor decisión los dos. A mi hijo le aconsejábamos que se separara de su pareja (por Castillo) porque vivían peleando. Por los diarios nos enteramos de que tuvieron una discusión y que después él la baleó y se mató. Esto venía desde hace tiempo. Nosotros nos habíamos cansado de decirles que se separen porque no podía ser siempre lo mismo, todos los días problemas y problemas. Le decíamos que si se habían casado era porque se querían, se amaban y que no debían estar peleando”, remarcó el padre del femicida.
Por otro lado, agregó: “Sabíamos de los problemas que tenían, por lo que le aconsejábamos tanto a ella como a él que terminaran la relación. El motivo por el que peleaban es porque él tenía una hija con su expareja. Siempre había un detonante y peleaban. Mi hijo no quería que nosotros supiéramos de dónde era ella ni dónde estaban viviendo. Nosotros no conocemos a la familia Castillo”.
“Mi hijo jamás tuvo un problema con nadie. No era ni violento ni de contestar mal. No entendemos qué es lo que le pasó”, puntualizó Rubén.