Con lágrimas y conmocionada por la trágica muerte de su hija, Arminda del Valle Castillo le dio su último adiós a Celeste Anabel Castillo.
“Menos mal que se murió él también, y que lo llevó el diablo. No podía ser de otra manera, de que él —por Héctor Montenegro— se quede a gozar en la Tierra y mi hija se iba a ir cómo la mató. Estoy tranquila, porque él también se ha ido. Tengo mucho dolor en mi alma”, remarcó Arminda.
Al tiempo, agregó: “Le dejo en manos de Dios de que le haga juicio adónde se haya ido ahora él”.
Mientras que en redes sociales, sus familiares y amigos se despidieron con mensajes de aliento para la familia Castillo: “Maldito ¿por qué tuviste q matarla? Te odio! Ella —por Celeste Castillo— era muy buena. “Beba” ¿por qué vos? Hermana te fuiste como una hermana del alma, qué dolor sentimos. Danos fuerza de donde sea que estés! Descansa en paz Anita Castillo! Maldito ¿por que tenías que acabar con su vida…? Ojalá te vayas al infierno, maldito perro”.
“Hermana querida que alguien me despierte de este maldito sueño. Te pido que alguien me diga que no es verdad todo esto. Que ya no estás que te arrebataron la vida de un segundo por Dios, dale fuerza a mi madre que está destruida, a mis hermanos y familia”, escribió una hermana de la desafortunada joven.
La última palabra de Celeste Castillo
La mañana del 1 de enero, Celeste Castillo comenzó una violenta pelea con Héctor Montenegro. Estaban alcoholizados y comenzaron a realizarse escenas de celos.
El panorama con el que se encontró la Policía en la casa de la Calle 110, del barrio Borges era tétrico. El comedor estaba completamente desordenado. Habría sido la primera escena del trágico ataque.
En la cama, yacía muerta Celeste. Encima de la joven, estaba su esposo, Héctor. El empuñaba el arma de fuego, que estaba apoyada en la cabeza de la mujer. La joven tenía golpes en todo el cuerpo y dos disparos. El muchacho tenía lesiones en el rostro y un tiro en la cabeza.
“Mamá, me quiere matar. Mamá… Mamá…”, repitió una y otra vez Celeste antes de ser ultimada a tiros por su pareja.
Esas fueron sus últimas palabras. Un grito desesperado pidiendo por su madre, para que la socorriera de lo que terminó siendo su último suspiro.
Celeste y Arminda, su madre, tenían una excelente relación que comenzó a fracturarse cuando la jovencita inició su relación con el oficial ayudante. Pero pese a los malos momentos, las mujeres eran unidas.