Un matrimonio del barrio Belén decidió antenoche ir hasta un cajero automático para ver si tenía dinero del sueldo y poder cenar. José Herrera (43 años), quien tiene un contrato de locación y presta servicios como ordenanza en la Escuela Técnica Nº 1, y Verónica Arias (37) ascendieron a la moto y emprendieron el viaje lo más rápido posible. En la habitación matrimonial de la casa de la manzana 6, lote 134, quedaron viendo televisión sus hijos de 8 y 6 años, mientras que su hija de 2 estaba durmiendo. La pareja nunca pensó que una desgracia se avecinaba, en el preciso momento que ellos se habían ausentado momentáneamente.
Un celular se encontraba cargando en la habitación de los chicos. El mayor advirtió una estela de humo y comprobó que el enchufe del cargador se estaba incendiando. El niño le arrojó dos vasos con agua, pero no pudo sofocar el fuego.
La casa comenzó a colmarse de humo y el niño de 8 años reaccionó rápidamente, tal como siempre le aconsejaron sus padres. Alzó a su hermanita de 2 años y tomó de la mano al de 6 y los sacó por la puerta del costado de la casa, hasta el fondo.
El incendio fue advertido por una vecina de enfrente. Trató de ingresar, pero la perra de la casa se le abalanzó en resguardo de los chicos. La mujer tomó coraje, le gritó al animal y logró llegar hasta los niños, a quienes trasladó hasta su casa.
Otro vecino violentó la puerta delantera, pero no pudo hacer nada. El fuego se había apoderado de una cama cucheta de los niños, un ropero y toda su ropa. También provocó daños en el tendido eléctrico. Las llamas fueron extinguidas por los bomberos.
José y Verónica llegaron con los sándwiches para sus hijos y advirtieron el incendio. Se desesperaron, pero tuvieron un poco de calma cuando los vieron sanos y salvos. “Hay que volver a empezar”, dijo José, apesadumbrado por el lamentable episodio que consumió los bienes.