Los celos desmedidos que sentía hacia su exesposa habrían enceguecido a Ramón Héctor Ibáñez. El peón habría visto a Olga Carrizo junto a un muchacho paseando por la localidad de Clodomira. En ese momento, habría tomado la determinación de atacarla.
“Anduvo nervioso, pero se fue”, según el testimonio de la madre de Ibáñez, al personal de la Comisaría 16ª y División Homicidios Banda. Los detectives golpearon la puerta de la casa ubicada en el barrio Centro, de la mencionada localidad, luego de que un vecino reconociera a Héctor como el autor del crimen.
Ibáñez habría ultimado a cuchilladas a la mujer y luego se dio a la fuga. Ese momento, habría sido observado por el testigo clave para su detención.
Habían pasado tres horas del crimen cuando los investigadores lograron interceptar al agresor. Ibáñez fue apresado minutos antes de las 5.30 de ayer, en calle Gorostiaga —entre Constitución y Mitre— del barro Centro de Clodomira.
Fue esposado y trasladado a sede policial, donde quedó alojado a requerimiento de los fiscales de Banda y Robles, María Teresa Montes y Álvaro Yagüe.
Cuchillo con sangre en el techo de su casa
Era su “trofeo”. Era el arma homicida. Era el cuchillo con el que cumplió su promesa de matarla. Aún manchado con la sangre del “amor de su vida”, Ibáñez corrió empuñando el arma.
Ingresó a su vivienda ubicada en la calle Mitre 170, del barrio Centro. Intentó desprenderse de cuchillo y lo arrojó en el techo de su casa. Lo dejó ahí para que nadie lo encontrara y luego, huyó.
En la requisa de su vivienda, los uniformados secuestraron el arma homicida. Tenía sangre que sería de Olga Carrizo.